lunes, 18 de noviembre de 2013

Retrato.

Somos algas oscuras y esperamos a que el semáforo se ponga en verde. 

Las caras pálidas y enjutas de los primeros guardianes, las manos en los bolsillos y el paso alquitranado que se funde con el universo a medio atornillar. Los padres apresurados parecen suplicar clemencia a algún dios implacable, y sus hijos los hacen volver en sí tirando el desayuno por el suelo. Creo que me repito y me mareo, pero a uno siempre le despiertan unas palabras los rostros de principios de invierno, con sus ceños fruncidos como acantilados de Centroamérica, con sus miradas plateadas y definitivamente inexpugnables.

A veces veo alguna excepción, alguna melena que cae como un rayo en el océano y salva la mañana de Noviembre. Sigo el fulgor y casi lo huelo, pero nadie me alienta y pierdo el rastro.  Ojalá no caminase tan lento. Ojalá tuviese prisa, pero no me apetece apartarme aún del frío. Siempre dije que el frío despertaba los sentidos y endulzaba la amargura. Los mejores fuegos arden en la nieve, pienso. Y se me vienen a la cabeza las hogueras donde arden los neumáticos que alguna vez calzaron todos estos coches que se agolpan de repente. Los hombres parados vocean, gritan y carcajean mostrando sus dientes llenos de calcio, mientras hablan por teléfonos móviles. Se ríen porque saben que son testigos y herederos, pero sobre todo ejecutores, se ríen porque perciben el fin, tan inminente como cualquier otro fin. No se termina de nublar la mañana de hoy, dicen los viejos, siempre viejos y agradecidos, que se saludan con profusión por haber inaugurado un frío nuevo. Un frío que se cuela por debajo de las puertas y asalta las esperanzas recién descubiertas de los negros que duermen al calor de las baldosas.

En el fondo todos peleamos. Camino junto a resueltos gladiadores que ganan tiempo a empellones para luego perderlo abrazados. Comprendo entonces que nadie podrá nunca juzgarlos por sus actos. Son ellos los que pelean en el suelo y sus dioses están ya muertos, enterrados y plañidos. Están condenados y con cada mañana llega una nueva redención.


viernes, 18 de octubre de 2013

Allá por dos mil once


-Vaya, como están las cosas ¿eh? Dentro de nada estaremos como en Grecia, según se comenta -le decía-.
-Coño, no sabía que iban a traer el Panteón a hacer juego con la Alhambra.-tosía y se reía escandalosamente-. Tranquilo, es opinión pública.
-...
-Si te parases un instante a contemplar las preocupaciones que ocupan la mente de la gran masa, verías que en un porcentaje ridículamente alto se trata de cuestiones económicas, sin olvidarnos del ocio y esparcimiento. Son víctimas de su propia comunidad. ¿Tu crees que yo me levanto cada día con la preocupación de la situación económica de la Bolsa Europea o con la presión de tener que pagar una lavadora nueva? No se trata de tener un pensamiento idealista, nada más lejos de eso, sino de amar al individuo caótico que somos y que diariamente nos negamos a aceptar. Los programas temporizados nos ponen enfermos, no conozco un alma creativa que obedezca al pie de la letra órdenes del tipo que sean, y tampoco concibo la desobediencia sistematizada e ignorante que ahora tan en boga está en estas "respuestas ciudadanas". Nos ciega nuestro propio ciclo de pan, circo y ocupaciones menores; no siento respeto por mis mayores, pues ninguno hasta ahora me ha demostrado que valga la pena vivir por algo mejor que el mantra de la cultura occidental, que no es más que el producto de una trayectoria, no el fin.

Me parece inútil repetirlo, sabes de sobra lo que para mí resulta lo que llamamos nuestro comportamiento colectivo, y seguro que estás tan aburrido como yo de criticarlo, porque nos cuesta cada vez más identificarnos con algo así, nosotros luchamos por mantenernos a flote. Así que supongo que lo que pretendemos no será más que un vano grito de socorro en medio del hundimiento.



jueves, 29 de agosto de 2013

Escisión de una Noche (II)


La noche se escindió, en efecto,  y es cierto que la vivimos por un momento largo como el cielo. Ciertas sombras escaparon y lejanos sonaron los gritos en la oscuridad pasajera. Nadie pudo escuchar a aquellos que clamaron por sí mismos, a aquellos que denunciaron  en silencio sus rencores y avaricias, a los que demostraron ante los relámpagos que efectivamente, eran mortales de largas raíces y copas tiernas.

Fueron dejadas atrás las palabras y los intentos de trascenderse, apenas borrones,  las muecas de los niños borrachos de ilusión inflamada, nunca se sintió tan clara la tormenta de verano sobre el enlosetado oscuro, nunca se sintió tan fuerte la respiración del tiempo, viento entre las ramas y tejados enfriándose. En aquel lugar que pudo ser cualquiera, un hombre tiembla en silencio. Dos golpes se oyen en la quietud de los pueblos. Las copas se entrechocan y todo queda limpio, justificado, tranquilo como la mirada del que nace. Alguien jadea de tristeza y cansancio, y sin embargo, vuelve a enfrentarse a los mismos rayos, a la misma noche, a la misma quietud que sin embargo nunca paró en su melodía insondable, eterna travesía.

Desafiada quedó pues la noche abierta, una vez más que por seguro no será la definitiva. No mientras exista la propia noche, no hasta que el animal encuentre su bala, no hasta que los músculos tensos se doblen al alba y las fauces sedientas se sequen para siempre bajo el sol de mediodía.  

miércoles, 14 de agosto de 2013

Drive.



Conducía por una autopista cuyo nombre no quiero recordar. Zumbaba como nunca, el vehículo vibraba ruidosamente y los cristales rebotaban contra los cortavientos... Disfrutaba de ese instante en el que la luz de la luna se mezclaba con el resplandor de la carretera y me iluminaba las manos empapadas en sudor, era una especie de fantasma de manos blancas y brillantes. Temblaba con descontrol, y recuerdo que podía percibir mi propio hedor corporal. Subí el volumen de la música y me recliné un poco en el asiento.

Nunca me gustó hablar demasiado, quizá porque creo que a nadie le importa lo que diga, o quizá porque no encuentro las palabras necesarias para cada momento. Sigo en silencio.

"Necesito un aliciente, lo necesito a toda costa. Necesito que de una vez por todas pase algo, necesito desmoronarme, necesito a alguien. Necesito a alguien. Eso es. Todo el mundo tiene a alguien, no creo que sea tan difícil encontrar a una persona con quien bajar la guardia y abandonarse por unos segundos. No quiero seguir demostrándome mi fortaleza. Soy débil y necesito suplir mi debilidad."

Acelero rozando las líneas discontinuas.

"No quiero grupos ni sociedades, no quiero púlpitos ni bancos al sol. Quiero apoyar mi cabeza en las rodillas de alguien en quien confiar, nunca hasta ahora lo he hecho. Pararía a la primera persona con la que me cruzase por la calle y le ofrecería un amor breve e intensísimo. Le prometería un tiempo finito de locura y novela, para después simplemente desaparecer. A cualquiera."

Llego a la ciudad.
Me despego del asiento encharcado en sudor. Lloro intensamente y me dan espamos que me hacen eructar. Las luces de los faros y de los escaparates se dispersan en las lágrimas y apenas veo nada. Reduzco la velocidad, bajo la ventanilla y saco la cabeza para tomar aire y gritarle a los semáforos.

¿Cuántas personas en este lugar se sentirán como yo?
¿Dónde se esconden?
¿Cómo puedo encontrarlas?


domingo, 30 de junio de 2013

Escisión de una Noche

La noche de hoy se abrirá en dos
vacilante y regia sobre el dominio
de los campos asfaltados
y de las grietas en el blanco adobe
las viudas le sacuden el polvo
a sus retratos y ollas viejas
los niños corren a sus lumbres
no ven muerte en los presagios
las gitanas yermas del universo

La noche de hoy se abre en dos
y despuntan las primeras bestias
en cerriles viajes sin horizonte
Los astros guían con fingida certidumbre
a las almas borrachas de sí mismas
y a los pájaros en la languidez estival
Profunda, milenaria y desangrada,
la matriz estrellada y candorosa
arde en ciegos deseos de piel y forma
ahogados por luces enemigas
e intercambios de alientos desbocados y solitarios.

La noche de hoy se halla abierta
cuando quedan tan lejos
las cruzadas por la tierra
la búsqueda eterna de la ausencia
las miradas de sangre y sobresalto
las vigilias furiosas y felices
los arañazos al génesis apenas advertidos
por una muchedumbre que clama y grita
en su renegado desconcierto.

En efecto, la noche de hoy estuvo abierta

sólo para aquellos que quisieron sentirla.






jueves, 25 de abril de 2013

Anónimo


Las letras que salen de mis manos
los versos amontonados por mis dedos
nunca me harán honor a mí ni a nadie
Pues ¿quién se siente honorable a estas horas
sino las putas y mendigos ateridos de recuerdos?

No hay estrofa ni palabra que haga justicia
a grandilocuentes y meros mortales
soñadores de trampa y cartón
que se conmueven y lloran
al sentirse parte de un mundo
arrebatado y felino.

No entiende de honra la alegre confusión
sincera y profundamente amarga
del que al fin abraza
su nimiedad y le canta nanas
aquel que sonríe al morderse el alma
y la desangra sobre el empedrado
de una noche sin estrellas.

Aquí los amos no existen
las formas no limitan y se pierden
nadie es dueño de sí mismo ni de su arte
estos versos son de cualquiera
y cualquiera es huésped de estos versos.


jueves, 18 de abril de 2013

D'amour et d'eau fraîche.

-¿A qué te dedicas?
-Pues... No sabría decirte... escribo. 
-¿Eres escritor?
-No. Pero me gusta escribir.
-¿Qué escribes?
-Sobre todo poesía. Bueno, también hago relatos cortos.
-Qué bien... ¿Y en qué tienes pensado trabajar?
-...
-Aprovecha ahora que eres joven, si no, cuando te quieras dar cuenta se te habrá ido la vida. Si no, mírame a mí, o a tus padres...

(Es ahora cuando finjo una sonrisa y asiento)

Esta concepción es aceptada sin ser cuestionada, permanece y se repite constantemente en nuestras vidas. Está instaurado el pensamiento de que debemos labrarnos un espacio en nuestra sociedad natural, y cuanto antes, mejor. El miedo a llegar tarde hace que de las Universidades salgan profesionales de 22 años; la mayoría de ellos con la seguridad de que han alcanzado su máximum intelectual; confiando en que han completado el aprendizaje necesario para tener un salario y un estatus considerados dignos o, mejor aún, prestigiosos. Algunos comienzan a ganar dinero y viven su orgasmo de ignorante abundancia. Otros ven cómo sus ilusiones se desmoronan cual castillo de naipes. No aceptan su circunstancia y le echan la culpa al destino. Los podemos llamar "los que siempre se quejan". Miles de individuos de estos dos tipos se gradúan cada año en las universidades, alimentando este círculo de fuego de triunfadores y perdedores que abrasará indistintamente a las juventudes de cada generación. Quedan marcados con tanta rapidez como con la que se apresuran a graduarse, a entrar en el juego. Una vez dentro, es difícil salir; sobre todo si la idea de salida no queda recogida en sus, digámoslo así, posibilidades.

Me propongo no hablar demasiado.

-Puedes decirme lo que quieras, pero no me digas que se me habrá ido la vida. Estás presuponiendo demasiado sobre mí, y eso nunca es ni justo ni efectivo... No soy como tú, no quiero ser como tú y no voy a ser como tú ni como mis padres, ni como los padres de mis padres. Quiero vivir realmente.

-Ay chaval, todos hemos pensado así alguna vez cuando hemos sido jóvenes. Pero uno no puede vivir de amor y de agua fría, como dicen los franceses...

-Se puede vivir con poco más que eso. La cuestión que nos diferencia es qué consideramos que es vivir. No necesito un gran sueldo para vivir. Tampoco quiero un gran estatus que defender. Eso es demasiado para mí, considero que requiere un esfuerzo innecesario.

-Esas ideas se te caerán de la cabeza cuando veas lo dura que es la vida. La vagueza se la quita uno a base de escardillazos.

-La vagueza es lo que domina el espíritu del trabajador. Vuestra alma se acomoda a una rutina e incluso justifica su dignidad con ella. Esta es una de las cosas que más me sorprenden en mis semejantes. Si así lo queréis, os animo de buen grado a que viváis por aquello que os ocupe. Pero no me digas que se me va a ir la vida, si no entro a formar parte de vuestro paisaje.

-Tienes la cabeza muy dura, pero ya se te aclararán las ideas....

-Me temo que las ideas más claras se tienen siendo joven, los acontecimientos son como piedras que se tiran al río y enturbian su agua.

-Deja de hablar como un puto hippie y cuídate.

-Lo hago lo mejor que puedo. Gracias por salvarme.

-¿Qué?

-Hasta otra.



sábado, 30 de marzo de 2013

Ventanas encendidas en Tokio.

Unravelling by Harry Escott on Grooveshark

Son mártires que intentan expiar sus pecados cada uno de los días de sus vidas. Nunca la historia ha visto ni verá nada igual: Legiones de mártires que se agolpan en los semáforos y que pelean entre sí con una fiereza desesperada para cumplir briosamente con sus eufemísticas penitencias. Es éste un mundo raro. Es extraña nuestra convergencia como ciudadanos y divergencia como seres humanos, son extrañas las farolas y los carteles iluminados de Tokio, es difícil creer que en este mar de vida y conexiones de alta velocidad habite tal sentimiento de melancolía.

[...]

Esta noche me siento humano, echaba de menos sentirme humano por la noche, cuando abajo los transeúntes se apresuran por cerrar los comercios para ir a beber cócteles y hablar de sus jornadas.

Esta noche escojo sentirme humano, conscientemente permito reconocerme insignificante y ebrio de confusión. Reclamo mi humanidad a los edificios llenos de ventanas y les doy las gracias por su espectáculo de bestial soledad, que nos aleja del limbo para hundirnos las rodillas en el suelo, en la realidad que es nuestra y ante la cual no hallo manera de conciliarme si no es mediante el arte y la destrucción rutinaria.

[...]

Me pregunto si los japoneses disfrutan de sus incertidumbres, si llegan a sus apartamentos tras la agotadora jornada y hablan consigo mismos. Me pregunto si se siguen martirizando en esas ventanas encendidas.
Las ventanas encendidas en Tokio son misterios, portales en los que la humanidad se refugia de la noche bajo la salvaje tiranía del metal y del cobre.




domingo, 10 de marzo de 2013

Costumbre

Un método bastante sencillo para infundir incertidumbre en uno mismo, o en otra persona, es el de enfrentarse a una experiencia que se salga de lo normal, de lo esperado, de lo rutinario. En nuestra vida decimos recordar "momentos especiales", que lo son precisamente porque se tiñen de un colorido que contrasta con la infinita vastedad gris que conforma lo rutinario, lo que nuestro cerebro estima que no merece ser recordado por su excesiva asiduidad en el tiempo. En el momento en que sufrimos esta "anormalidad", nos invade la excitación e incluso la felicidad, pero en muchas ocasiones nos resistimos a, por así decirlo, hacer que las circunstancias sean propicias a dichas experiencias.

Una persona puede soñar con que su situación sufra un giro brusco; que pase de estar fotocopiando documentos en una oficina a ser un monje de cabeza rapada en un palacio del sur de Japón, o que en vez de pasarse la tarde del sábado viendo un programa deportivo se anime a coger una pistola y atracar una sucursal bancaria para ponerse a prueba. En ambos casos la persona está fantaseando y casi con total probabilidad nunca llegará a cumplir estas "fantasías". Pero lo terrible de esa situación es que el sujeto en cuestión no se pregunte: ¿De verdad quiero hacer eso con lo que estoy fantaseando? O mejor aún: ¿Prefiero hacer eso con lo que estoy fantaseando a esto otro que estoy viviendo?

Se produce aquí una coyuntura de la que podemos destacar dos temores esenciales: El miedo a la pérdida (porque no podemos prever las consecuencias reales de nuestras acciones hipotéticas hasta que no las llevamos a cabo) y el temor a lo desconocido (puesto que salirse de lo acostumbrado es como lanzarse al vacío, no sabes cuándo vas a llegar al suelo ni cuánto te va a doler el impacto de la caída). Está claro que la segunda consecuencia que hemos destacado va directamente ligada a la primera porque: ¿Qué es el miedo a lo desconocido sino un rechazo a la pérdida de lo que ahora percibimos como seguro?

Todo se reduce al apego y al círculo de seguridad que creamos a nuestro alrededor. Necesitamos un lienzo, una base estable y sólida sobre la que pintar nuestro cuadro infinito de tonos grises que es nuestro día a día. 
Las motas de color vienen dadas por las circunstancias o por nuestro comportamiento, pero éstas se darán en la mayoría de los casos de una manera aislada y casi en contra de nuestra voluntad.

El acostumbrarse a una vida es una tendencia (una enfermedad) natural inherente a la condición humana. Nos sentimos mas cómodos en nuestro círculo de seguridad que fuera de éste, nuestro bienestar es mayor conforme nuestra seguridad aumenta.

Si intentamos deshacernos de nuestro lienzo y lanzarnos a lo incierto, casi con total probabilidad viviremos experiencias inusuales, que bien nos pueden maravillar o desagradarnos profundamente. Pero la esencia de la creatividad es la experimentación, y si somos almas creativas debemos abrazar el acto de experimentar como un don y un privilegio, no como un sacrificio, puesto que no todos se dan cuenta de que pueden abandonar en cualquier momento su vida; esa percepción se pierde cuando el tiempo y lo diario pasan por encima.

Debemos mantenernos a flote, ser conscientes de nuestras posibilidades y acciones atendiendo más a las causas que a las consecuencias, no estigmatizar la impulsividad si ésta nos ofrece la magia y el colorido de la nueva experiencia. No supondrá un esfuerzo abrir la puerta a la curiosidad cuando ésta implique nueva experiencia, pues estaremos abriendo infinidad de ventanas a la sabiduría, al desarrollo y nuestro aprendizaje como seres mortales.

Seamos pues mortales.





viernes, 1 de marzo de 2013

Tres Palabras

Tres palabras: humedad, cielo, noche.

Salir del bar y mirar al cielo,
oler la noche, respirar la humedad,
recordar las palabras que no son tres pero
que se podrían resumir
en un silencio largo.

Destellos geniales encerrados en
discusiones ahumadas,
más dignas de la idolatría colectiva
que las ofrecidas por pantallas
en alta definición
y volumen al par,
a un público que ni se decanta
ni se deja decantar.
Atrapados,
enjuiciados y jueces sin mazo ni red.

Los otros no existen,
o no se esfuerzan por existir,
las vacas pacen en sus pastos
y la paz reina otro día en ¿nuestro?
mundo hecho de obras sociales
y de misiles con dedicatorias.

Pero bueno, qué mas da,
si yo solo he intentado
encadenar tres palabras sin borrar,
y porque me lo has propuesto,
que si no, ni eso.

sábado, 23 de febrero de 2013

Educación Occidental


He intentado hacer la traducción lo mejor que he sabido, de todas formas, bastante mierdosa. 
Nada como el idioma original en el arte.



Él no me enseñó inglés
No me enseñó alemán
Ni siquiera el francés correctamente

Ella no me habló de libros
Ni de historia, ni de ideas
Ni de la ideología política a seguir
Ni de movimientos de librepensadores

Ella no me ha enseñado nada práctico
Ni cocina ni costura
No me enseñó a hacer mayonesa
Ni a montar una empresa, ni a realizar las labores del hogar.

Él no sabía gran cosa de matemáticas
Ni la ecuación de Schrödinger
Pero para ser honestos
Se aseguraron de que perfeccionase mi revés a dos manos
De que flexionase bien las piernas, pero eso no duró mucho
Eso nunca funcionó

Me dieron un modelo liberal, democrático
Me transmitieron un cierto sentimiento de asco
Llamémoslo desinterés 
Por la religión

Pero él nunca me dijo para qué servía el piano
Ni el cine francés que, por cierto, le daba de comer
Ella nunca me dijo cómo ambos se habían casado
Cómo se habían equivocado y como se habían separado.
Ni me dio otro modelo a seguir.

No me hablaron de Marx, rival de Tocqueville
Ni de Weber, enemigo de Lukacs
Pero me dijeron que había que votar.

Ella no me ocultó la existencia de nada, salvo la de 
Rousseau, la de Proust y la de "Muerte a Crédito"


Ellos nunca hicieron ningún comentario sobre el Mayo del 68
Ningún comentario sobre la sociedad del espectáculo
Pero creían que a Balzac se le pagaba por líneas
Y que podíamos tenerle cierto desprecio

Ellos no conocían las historias de la Resistencia o de la Gestapo
Pero sí que sabían algunos trucos para pagar menos impuestos

Recordaban sonrientes el carnet del Partido Comunista de sus padres
Pero decían poco sobre de Gaulle, algunas bromas sobre Pétain, nada sobre Hitler.

Ellos habían conocido el mundo sin televisión pero no me hablaban de eso
No querían que viese "Apocalypse Now"
Pero me dejaban leer "En el corazón de las Tinieblas"
Ni siquiera lo leí. No me dijeron que estuviese bien.

No me enseñaron cómo comportarme con las chicas
Cómo organizar el dinero, ni cómo tratar a los muertos.
Tenía que encontrar la manera de vivir con mi medio hermano,
mi media hermana, medio muerto, medio compañera.
Convivir con los amantes, con los casados por segunda vez,
con los alcohólicos, con los no franceses...

Hijos de izquierdas: Se manifiestan, militan.
Hijos de derechas: Heredan, se aprovechan.

Nunca me pegaron
Tampoco me quisieron demasiado, sin duda

No había muchas cosas por hacer
Excepto, tal vez, ser Politécnico
No había muchas cosas por no hacer
Excepto, tal vez, ser músico.

Ella me hizo saber que la droga era demasiado peligrosa
Él me dijo que los cigarrillos eran demasiado caros
Ella me dijo que una vez estuvo enamorada
Pero nunca me dijo si lo había estado de mi padre.

Ella no me dijo qué hacer cuando uno se siente solo
Él no me dijo que a menudo, entre viejos amigos, hay peleas, líos...
No me dijo que todo se lía, que todo se complica, que a menudo se debe prescindir.


Ella no me dijo nada sobre Freud, e ignoro a Lacan
Ni sobre consejos ni razones prácticas
Sobre problemas de familia, historias para dormir a los niños
Ni sobre historias para hacer soñar a los mayores.

Él no me dijo una palabra sobre la Nouvelle Vague
Ni sobre todo lo que vino antes.
Pero hablaba del museo Louvre como una cosa interesante.

No decían nada sobre Michel Sardou
Pero me debía gustar Julien Clerc
Una vez me hablaron de un concierto...

Por eso, no sé nada sobre los pobres
no sé nada sobre la aristocracia remanente
No sé nada sobre los activistas de izquierda
No sé nada sobre los nuevos ricos

No hablaban de los católicos, ni de los judíos
ni de los árabes.
Los chinos ni existían.

Ella creía que los Negros olían
A ella no le gustaban los olores
A él no le importaban una mierda

viernes, 15 de febrero de 2013

Compasión.

Del latín cumpassio, "sufrir conjuntamente/pasión conjunta".

-I-

-Vamos, dispara. No es tan difícil, solo tienes que tirar del martillo, apuntar bien y apretar el gatillo lo suficientemente fuerte para hacer girar el tambor. El proyectil saldrá a unos 300 metros por segundo y se incrustará en la cabeza de este muchacho. Una vez dentro, la bala se abrirá dentro de su cráneo provocando un desgarro en la masa cerebral de consecuencias irreversibles y el propietario de ésta morirá en uno o dos segundos como mucho. Una de las ventajas del revólver es su devastador calibre.

El joven ejecutor está temblando de pies a cabeza, sudando visiblemente y observando los ojos desorbitados de su víctima que, maniatada y de rodillas, balbucea ruegos y súplicas, pero tiene la boca obstruida por un trapo enrollado y las babas le empapan la pechera de la camisa. 

El ejecutor hace retroceder el martillo.

En ese momento el reo, como sacudido por el latigazo de la inminencia de su muerte, se levanta e implora clemencia, pero el trapo le impide vocalizar y siente arcadas. Al instante cae de nuevo de rodillas y empieza a llorar temblorosamente. Los mocos le brotan de la nariz y se le hunde el pecho al estremecerse.

La patética visión de la víctima le parece insoportable al ejecutor, piensa en no dispararle.

Pero recuerda por qué está apuntando a la cabeza de ese hombre.


-II-

Cuando tenía diez años, el gobierno israelí nos echó de nuestro hogar en Jerusalén por ser musulmanes, y tuvimos que marcharnos al norte de Cisjordania, donde vivimos muchos meses en paz. Pero el conflicto entre Israel y Palestina se intensificó y los aviones empezaron a bombardear nuestras casas.
Cuando el colegio estaba abierto, el profesor cada poco tiempo nos comunicaba que un compañero nuestro había muerto, o que estaba tan malherido que moriría dentro de poco. Una vez un misil de F-16 cayó encima de nuestro patio de recreo. Afortunadamente estábamos en clase, pero había unos cuantos alumnos castigados que arreglaban los jardines del exterior. Cuando cesó el estruendo y se asentó la polvareda, vimos trozos de sus cuerpos esparcidos por todo el cráter que formó el misil, y uno de los niños estaba aún vivo. Había perdido prácticamente de la cintura para abajo, pero aún se movía y emitía un gemido semejante al de un animal somnoliento. El profesor rápidamente cerró las persianas, pero todos vimos a ese alumno morirse cubierto de polvo.

Tres días después, otro bombardeo sacudió nuestras casas. Los israelíes estaban respondiendo a un ataque palestino de cohetes Qassam, que supuestamente habían sido lanzados desde alguna parte de mi barrio. Ninguno de los vecinos vio nunca el lanzamiento de esos cohetes.

El bombardeo fue devastador y murieron muchas personas. Un misil fue a caer justo encima de nuestro tejado, lo atravesó y explotó en la habitación de mis padres. Murieron todos los que estaban en la casa, excepto mi tía Faghira y yo, que habíamos salido a coger huevos al gallinero. Al entrar a la casa, me impresionó el absoluto silencio que reinaba, y cuando me inundó el olor a carne quemada sentí ganas de llorar y fui a los brazos de mi tía. Nunca me embargó un sentimiento de odio semejante.

Varios palestinos de la insurgencia consiguieron derribar a uno de esos aviones y capturaron al piloto, un joven judío muy blanco y de unos 25 años de edad. Mi padre, que en el momento del bombardeo estaba durmiendo, era uno de los cabecillas del Frente de la Liberación Palestina. Su cuerpo no pudo ser recuperado para su enterramiento.
Sus compañeros decidieron honrarlo ejecutando al joven piloto y su único hijo vivo debía ser el que lo matase.


Por eso estoy apuntando a la cabeza de ese hombre.

-III-

-Me llamo Hakam, que significa "el que juzga o decide". En este preciso momento me siento incapaz de decidir el futuro de este hombre, porque ¿quién sino Dios es capaz de juzgar si alguien debe vivir o morir?
Hakam el ejecutor traga saliva, apunta al ojo derecho del piloto y empieza a apretar el gatillo. El tambor se mueve, pero necesita un apretón mas fuerte para girar por completo. El piloto se orina encima y consigue deshacerse del trapo que le impedía gritar. Le ruega clemencia en su idioma, pero el ejecutor lo entiende, y sus ojos se abren de par en par cuando escuchó la palabra compasión proferida de los labios de la víctima.
-Al sobrevolar las casas, los pilotos no escucháis los ruegos y los gritos de terror de vuestras víctimas. Esa es una ventaja con la que no cuento yo. Me pides que sienta lástima por tu situación, pero siento lástima por quien eres, y por quien me voy a convertir cuando te mate. Formaré parte del círculo de violencia que devasta esta tierra y ya jamás podré salir de él. Formamos parte de las mismas circunstancias y por eso te compadezco, ojalá estuviésemos lejos de aquí en tierras nevadas y en paz. Pero seguimos albergando un odio que se alimenta de sí mismo, y como todo sentimiento que se alimenta de sí mismo, nunca cesará a menos que Dios nos ayude.

-Cuando Alá creó el mundo dijo: Mi compasión prevalecerá sobre mi ira. La misericordia debe ser un sentimiento predominante sobre el castigo.
Pero yo no soy Dios y mi compasión no puede prevalecer sobre mi ira.

Es entonces cuando aplica un poco más de fuerza sobre el gatillo y el tambor gira.





miércoles, 6 de febrero de 2013

Identidad

Flexionando las piernas, Nemo se detiene en medio de sus ejercicios y me dice algunas cosas, intentando describir con palabras lo que a veces vislumbra mentalmente.

-Es una sensación semejante al vaivén de un barco en medio del océano, con un trasfondo final que se me escabulle, que siempre se me resiste.    

Nemo no logra entender el por qué de su inquietud y me mira con ojos desesperados.

-No consigo dormir tranquilo.-Me dice con voz ronca.-Hay momentos del día en los que la melancolía se apodera de mí y apenas puedo seguirle el baile. Una tristeza sin origen a la que no sé darle sentido. Me parece que estoy enfermo de hastío y soledad.

Quiero que Nemo se dé cuenta de que es difícil llevar a cabo una vida como la suya y se lo digo.

-Lo difícil es aceptar la insignificancia, sonreír ante la idea de muerte y rellenar todas nuestras dudas con un conglomerado de serrín al que llamamos circunstancias.

Sonrío y le pregunto si alguna vez se ha cuestionado su propia identidad. Nemo se queda lívido mirando el vacío, al poco, me apunta con sus ojos azules y se estremece.

-¿Quién soy yo?

Empieza a caminar por la habitación, apretando los puños y temblando como una hoja de papel. Poco a poco empieza a recobrar el color, sus pasos se hacen más ligeros y su mirada más viva. Me mira y sonríe. Lo he vuelto a salvar. Sonrío.

-Hoy me llamo Nemo, ayer no recuerdo como me llamaba, y mañana me llamaré de otra manera. Hoy no soy nadie y mañana seré cualquiera, eso es lo único que recuerdo en cada transmutación. No hay que temer a las dudas, los dogmas o los miedos, porque cada vez serán diferentes. Pesadillas pasajeras que nos visitan una noche para que consigamos empaparnos de sus enseñanzas sin daño posterior alguno.

Solo sé quién soy ahora, pero no sé quién fui ni quién seré.

-¿Y tú? -.Me pregunta.

-¿Quién eres tú?


viernes, 25 de enero de 2013

Historieta del Boddishattva

-I-

Último poema de la Instrucción:

¿Alguna vez te has preguntado el por qué?
Como, por ejemplo,
¿Por qué estás casado?
¿Por qué compras el lugar en el que vivirás el resto de tu vida?
¿Por qué has olvidado ser compasivo?
¿Por qué sientes la necesidad de estar a la última?
¿Por qué la miel está tan dulce?
¿Por qué miras porno?
¿Por qué ese miedo al ridículo?
¿Por qué no pones a prueba tu fortaleza?
¿Por qué estudias una carrera?
¿Por qué dependes de un móvil inteligente con acceso a Internet?
¿Por qué no te apasionas?
¿Por qué huyes?
¿Por qué  mantienes todo el tiempo conversaciones insulsas?
¿Por qué esa geometría?
¿Por qué esa iracundia?
¿Por qué el mundo es tan inmenso?
¿Por qué compras lo que se te dice?
¿Por qué frecuentas tan poco los bosques?
¿Por qué estás tan ocupado todo el tiempo?
¿Por qué comentas tu día a día y esperas que otros se interesen por ello?
¿Por qué crees que le importas al resto?
¿Por qué fuerzas esa expresión funambulesca, fingiendo seguridad?
¿Por qué tantas ropas?
¿Por qué crees que lo vas a conseguir?
¿Por qué afirmas ser feliz?
¿Por qué trabajas?
¿Por qué no ríes con ganas?
¿Por qué tantos prejuicios?
¿Por qué el frío es tan reconfortante?
¿Por qué esa necesidad de información?
¿Por qué no haces por amar?
¿Por qué te sientes enfermo?
¿Por qué temes al fracaso?
¿Por qué esa prosaicidad?

-II-

Preguntándose a sí mismo en sus largas introspecciones, el Individuo en Fase de Instrucción  encontró respuestas, pero éstas no resultaron sino caricias momentáneas, humo blanco y sin olor. El Individuo en Fase de Instrucción decidió que su Período de Aprendizaje estaba llegando a una nueva etapa. Descubrió que no cabía esforzarse en la tortura del hallazgo de respuestas, sino en buscar el origen de las preguntas y someterse a un continuo trabajo de renovación del espíritu, no podía despertarse de la misma manera en la que se acostaba.
El Individuo en Fase de Instrucción se reafirmó en su creencia de no permanencia, y se aseguró que conseguiría dejar de hacerse esas preguntas para comenzar el laborioso trabajo de su propia construcción, o de su propia autodestrucción.






domingo, 20 de enero de 2013

Perdidos

-Deuda pública, presión de los mercados, austeridad, corrupción, rescates... ¿Tú crees que en el crack del 29 los periódicos también utilizaban estos términos?-Me preguntaba, abriendo y cerrando su navaja de afeitar. -Pues no lo sé, la verdad.-Contestaba.- Creo que no, ahora se han acuñado muchos términos para hablar de nuevas situaciones que nunca antes habíamos vivido.

-Lo fascinante es que detrás de todo esto hay una serie de personas con el único afán de lucrarse al por mayor, personas que consagran su vida a hacerse ricos y poderosos. No les importa que el resto no tenga qué comer, es un síndrome de Prader-Willi aplicado a las ganancias... Siempre quieren más.

-Eso es normal, el ser humano siempre quiere más.

-Exacto, pero esas personas se equivocan profundamente al elegir qué querer. Lo cierto es que me dan bastante lástima. Toda una vida de esfuerzo y remordimientos con el único objetivo de algo tan combustible como el dinero o el poder... La mayoría se dan cuenta cuando se van a morir, y por eso hacen obras sociales, y fundaciones protectoras de niños huérfanos. Pero saben que ya no van a recuperar sus existencias malgastadas.

-No creo la mayoría de esos tiburones tengan remordimientos.

-¡Venga ya! Es fácil decir "los políticos y los banqueros son unos hijos de la gran puta", pero no te molestas en saber qué piensan y por qué actúan de ese modo. No puedes basar tus juicios incendiarios en ruedas de prensa divulgadas por los medios de comunicación o en panfletos de iniciativas ciudadanas masivas. Eso y una mierda es lo mismo. Yo te hablo de interesarse en la psicología de uno de estos dominadores, de los que se apoyan en un sistema político o económico y lo utilizan en su beneficio personal. No creo que sean tan malvados como los pintan los anarquistas o los grupos de oposición, solamente son seres humanos con una ambición dañina para el resto, y ahí siguen, en su mundo de favores, dinero y barómetros.

-Una ambición de poder sin fondo ni forma... Aunque bien es cierto que todos tenemos, en mayor o menor medida, esa ambición.

-¿Estás seguro? Yo aplaudo a este tipo de personas por entusiasmarse por algo en sus vidas, aunque sea por todo eso que hemos dicho. Al menos encienden su fuego y actúan en consecuencia. Los resultados ya son otro tema, pero tengo en más estima a alguien ambicioso que a alguien indiferente.
Claro que estarás de acuerdo conmigo en que nuestra principal virtud es la ausencia total de ambición, porque la palabra ambición implica poder y riquezas.
Yo me contento con caminar bajo un sol radiante, con leer un poema en voz alta y sentirme amigo del que lo escribió, con apasionarme con el legado que gente como nosotros dejó al mundo y que nos es ofrecido para que lo tomemos y utilicemos en nuestra circunstancia particular. Déjalos a ellos con el poder y la riqueza, déjalos con sus ilusiones y su constante sentimiento de pérdida.

Nosotros no perdemos porque no contemplamos la posibilidad de ganar.

martes, 15 de enero de 2013

(El/La) Cólera

Hoy te hablo yo, para variar un poco.

Poco de literaria tiene la vida de una persona cualquiera, lo usual es tan poético como la diarrea. ¿No?
Y es la diarrea lo que me levanta un día mas, eso y el hastío que inspira a los muertos...
"Se trata de romper la rutina por un día" Oigo por la televisión, en un espacio informativo de investigación, sobre gente a la que le apetece ir en ropa interior por el metro en fechas que previamente acuerdan.

-Bien -pienso-. Es mejor enseñar los gayumbos descoloridos por ahí que soportar esta tortura tácita e incuestionable. Cómo odio levantarme cagándome encima un Lunes. Estoy pensando en coger un día e irme a cualquier sitio, cerquita del Polo, y volver cuando otro gallo  cante. El problema es que todos los gallos se están muriendo, y nosotros no nos preocupamos. En lugar de eso observamos tertulias de excelsos analistas deportivos (Manolo Lama como Oráculo de la Felicidad) debatiendo acerca de temas que pondrían a Oscar Wilde los pelos como escarpias.

Sentado en el váter, aprieto el esfínter y cierro los ojos recitando un improvisado mantra universal:

Vamos, sólo son horas que pasarán.
Estás sacrificándote por algo útil.
Venga, a lo mejor hoy te ocurre algo.
Durmiendo se pierde el tiempo.

¿Y qué es perder el tiempo? Me gustaría que alguien de incuestionable eminencia moralista me ametrallara con verdades y respuestas. Después me gustaría cruzarle un buen par de hostias en su eminente rostro y tomar alguna droga dura con él.
Hablando de verdades, poco o nada me importan tantas cosas que tienen tanta "importancia social". Solo hay que ver las encuestas para sentir la necesidad de realizar una introspección que determine si, efectivamente, soy de la misma especie que "la mayoría de los (inserte aquí nacionalidad)".

Y aquí estoy, ya cagado y listo para emprender la gran aventura de un Lunes por la mañana. Por el camino atravieso un túnel lleno de vagabundos que duermen. De repente siento que no he elegido madrugar y levantarme esa mañana, simplemente lo he hecho sin cuestionarlo.

Y ahí siguen los vagabundos, soñando en su túnel.



viernes, 11 de enero de 2013

Fogata al pie de una farola en una noche de jueves.

Sin palabras buenas.
Deja que te hable
porque si no hablo
los planetas se verán tristes
y débiles junto a las farolas y el progreso
y todas esas cosas que
invitan a no hablar.

Te lo exijo, te lo pido
te lo imploro, te lo canto,
no me des los buenos días
como antes
porque los días ya no son buenos
ni malos
son diferentes y a veces
un poco insoportables.

Así me quedo, y permanezco,
mas no por no sentir,
que por sentir ya siento
cada patada, cada momento,
cada náusea, siento los lamentos
profundos como mañanas grises
en la montaña gitana.

Deja que te hable,
deja de pensar por un momento
que soy un idiota,
que hablo sin decir nada,
que así es como lo quiero.

Te digo Ven,
te digo Escucha,
grito ¡Copón, acércate!
Y cuando ya estás aquí,
de repente huele a incertidumbre,
a luz de lumbre
y a ascuas de poesía.

miércoles, 9 de enero de 2013

Woodstock

Estábamos en Nantes, pasando la última noche allí antes de irnos al norte, cogiendo un tren de línea rumbo a Rennes. Dormíamos en un camping bastante barato, al lado del cual había un verde e inmenso campo de rugby sin ninguna valla. El recinto estaba lleno de conejos enormes que mas bien parecían perros. De madrugada se acercaban a las tiendas y los escuchaba hacer ruidos que nunca creí que un conejo pudiese hacer. Pero aquellos eran diferentes.


Compré unas cuantas baguettes para cenar y nos apañamos con los restos de comida que fueron sobrando de días anteriores. Cenamos pronto en el camping  y mientras terminábamos, escuchamos lo que parecía ser un concierto bastante cerca de allí, pero no teníamos ni idea de qué podía ser, así que decidimos ir.
Primero fuimos a darnos una ducha en los vestuarios públicos que había en el camping. El agua estaba caliente y fuera, aunque era Agosto, empezaba a refrescar. Así que estuvimos allí dentro cantando La Marsellesa mientras hacíamos turnos para la ducha. De repente escuchamos una voz que provenía de los vestuarios de mujeres, que comunicaban con los de hombres a través de un desnivel entre el muro y el techo, cantando también la canción. Empezamos a bromear y según pareció se trataba de dos jovencitas francesas. El caso es que nos invitaron a ir al concierto. Quince minutos después salíamos a comprar cervezas y nos fuimos para la zona de donde provenía la música.
Resultó que lo que creíamos que eran dos francesitas deseosas de lo que se supone que las francesas están deseosas, eran una chica de 17 años llamada Amèlie y una niña cuyo nombre no recuerdo que no parecía pasar de los 14. Al principio me pareció un poco violento, pero parecían bastante simpáticas mientras nos explicaban el motivo de aquel festival, organizado por el ayuntamiento local en un ciclo cultural para alejar a los jóvenes de la vida de la calle y de las drogas, así que no me importó estar con ellas.
Drogas no sé, pero en aquel lugar había alcohol por todas partes. Nos bebimos las cervezas y compramos más en una barra de bar que habían instalado en lo alto de una colina. Le ofrecimos a la mayor, pero no quiso. En el escenario actuaba gente que bailaba break dance, y gente que cantaba hip hop en francés. Miraba a mi alrededor y veía a madres con sus hijos, a viejos con pinta de borrachos y a hordas de jóvenes por todas partes. Pero cuando empezábamos a estar a tono en aquel ambiente tan extraño, la oscuridad se cernió sobre nosotros. El cielo se encapotó en poco tiempo y entonces empezó a llover.

Los días anteriores habíamos estado bajo una persistente y débil  llovizna, pero aquel día "realmente"comenzó uno de los peores temporales veraniegos que se recordaban en Francia en los últimos diez años, claro que eso nosotros no lo sabíamos.
El escenario estaba situado de espaldas al bosque que lindaba con el camping, en una gran explanada al pie de dos colinas que formaban una U, y con la lluvia que caía a mares, empezaron a proliferar los charcos y el barro. Volvimos corriendo a la tienda a coger unos chubasqueros, pero resultaron de poca utilidad con ese diluvio universal que estaba cayendo. Era algo muy agradable el extender los brazos y sentir la lluvia atravesarlos, una especie de embriaguez de olores y sensaciones que me sacudían el cuerpo y me invitaban a empaparme aún más de todo aquello, a vivir, a mirar en todas direcciones y charlar con toda esa gente desconocida, con las niñas francesas y con los raperos de metro noventa que teníamos delante . Nos quedamos un rato más en el concierto, hasta que los barrizales provocaron que la gente empezara a marcharse, la música terminó casi súbitamente y nosotros no sabíamos qué podíamos hacer en medio de aquel Woodstock fantasma, así que nos terminamos nuestro cóctel de agua de lluvia y cerveza, confirmamos que las dos francesas se habían evaporado y fuimos de vuelta al camping.
La zona de acampada estaba poco mejor que el barrizal anterior. Desmontamos y guardamos las tiendas en la oscuridad, calados hasta los huesos, y fuimos a la lavandería a ponernos ropa seca para irnos de aquel condenado lugar.
Sobre las 2 de la madrugada salimos hacia la estación de trenes. Seguía lloviendo a cántaros, pero como caminábamos bajo árboles, resultó no ser tan insoportable. Al llegar a la parada de autobús, comenzamos a ver grupos de jóvenes franceses borrachos como cubas, que sin embargo, se limitaron a esperar y a hacer bromas entre ellos. Una vez dentro del autobús, disfrutamos del espectáculo que daban éstos, hasta parecía una obra de teatro que nos hubiesen improvisado a sus invitados extranjeros. Nosotros nos mirábamos atónitos y nos reíamos con su actuación absurda e incomprensible, hasta que llegamos a la parada de la estación, cargados con nuestras enormes mochilas, con la tienda y todo eso. Ya no llovía como antes, pero era muy tarde y las puertas al interior de la estación estaban cerradas, así que decidimos dormir en la puerta, bajo un techado que nos protegía del agua y allí pasamos la noche, rodeados de mendigos y de mochileros en una situación parecida a la nuestra, expuestos a la humedad y a un frío increíble para ser verano.
Al principio hicimos turnos para vigilar las mochilas, pero me quedé dormido en el mío y nos despertamos cuando abrieron la puerta los guardias de seguridad y nos farfullaron que podíamos entrar.

Una vez en la caliente estación, desayunamos unas galletas mientras veíamos amanecer y cuando por fin nos sentamos en unos asientos de tren que nos parecían sillones señoriales, me quedé profundamente dormido, con una mezcla de cansancio y felicidad que nunca he vuelto a experimentar.

domingo, 6 de enero de 2013

Medios.

Vimos por una pantalla de televisión un resumen anual como los que suelen hacer los informativos a finales de Diciembre. Sonrió y me miró. Se quitó la chaqueta y cubrió la televisión con ella. Ante la mirada atónita de los allí presentes, se puso de pie en su banqueta y dijo:

-Bonne soirée damas y caballeros, tengo una pregunta para ustedes ¿Por qué veis en la televisión este resumen anual de fin de año? -Nadie respondió durante unos segundos, pero, tras un leve murmullo, algunos contestaron-.

-Porque lo están poniendo en la tele. -Decía un abuelo-.

-Porque explica lo que ha sucedido este año en el mundo. -Respondía una cuarentona ofendida-.

-Error. Lo estáis viendo porque por un lado os entretiene, tal y como os podría entretener ver una película o un programa de preguntas y respuestas, pero por otro lado porque estar al día os reconforta.

-Se bajó de la banqueta y cerró los ojos. Todo el mundo lo observaba en silencio. Cuando los primeros murmullos y desaprobaciones se dejaron sentir, comenzó su monólogo, aún con los ojos cerrados:

-"Dale a la gente concursos que puedan ganar recordando la letra de las canciones más populares, o los nombres de las capitales de Estado o cuánto maíz produjo Iowa el año pasado. Atibórralos de datos no combustibles, lánzales encima tantos “hechos” que se sientan abrumados, pero totalmente al día en cuanto a información. 
Entonces, tendrán la sensación de que piensan, tendrán la impresión de que se mueven sin moverse. Y serán felices, porque los hechos de esta naturaleza no cambian. 
No les des ninguna materia delicada como Filosofía o Sociología para que empiecen a atar cabos. Por ese camino se encuentra la melancolía. Cualquier hombre que pueda desmontar una pantalla de televisión y volver a armarla luego, es más feliz que cualquier otro que trate de medir, calibrar y sopesar el Universo, que no puede ser medido ni sopesado sin que un hombre se sienta bestial y solitario". 

-Estaba recitando un fragmento de Bradbury, pero los pobladores del bar parecían desconocerlo, porque se agitaron en sus bancas, reconocieron que, efectivamente, el hombre de la banqueta estaba loco o borracho, y siguieron con sus conversaciones y sus cigarros.

-¿Ves? -Me dijo de repente, abriendo los ojos y mirándome como un padre mira a su hijo.- Nadie de los aquí presentes se ha molestado en responderme, ni siquiera en recordarme que esas palabras no son mías. Mantente a flote, por encima de todo procura siempre estar en la superficie, o la masa te asfixiará. No cedas a la locura general y aprende a discernir lo banal de lo merecedor de tu tiempo.

Cogió la chaqueta de encima de la televisión y poco después nadie reparó en su ausencia.


Do yourself a favor: Become your own savior. - Johnston

viernes, 4 de enero de 2013

Apego.

Cuando salíamos a beber cerveza y me emborrachaba, solíamos tener conversaciones mas o menos interesantes, extrañamente recuerdo algunas:

-Mira a todas estas parejas de jóvenes enamorados, es bonito ¿verdad? El observar cómo un sentimiento tan irrefrenable y destructivo acaba con los individuos para formar parejas.

-Eso es lo que dice la gente como nosotros sólo porque somos incapaces de amar.

-¿Incapaces? Sé lo que es el amar a alguien, el depender emocionalmente de una persona hasta el punto de contar con la posibilidad de acabar con todo cuanto he querido por ella. Un sentimiento de querer que devasta todo individualismo y toda ilusión que no tenga que ver con ella. Ahora lo pienso y me digo: La ostia, qué suerte tengo por estar así.

-¿Así como?

-Libre, desatado, fuerte, sacrificando ese sentimiento de amor entregado y exigente por una vista amplia que pueda considerar y apreciar todos los colores de la vida.

-Pero te estarás perdiendo ese sentir... Te mueves por lo que amas, como tantas veces hemos discutido. El hecho de rechazar el amar implica demasi...

-No estoy rechazando el amar, sino TODO LO CONTRARIO.
Imagínate que tienes una relación con una persona. Ahora piensa que cada noche que pasas con ella puede ser la última, y que puede que mañana deje de apetecerte estar con ella, o a ella de estar contigo. Eso no implica que no disfrutéis juntos ni que no os queráis, pero que eso no camufle la enfermedad posesiva que nos infecta tan a menudo.
No estoy hablando de celos, más bien de ese tópico de "si amas algo, déjalo libre". ¿Has visto como se porta un niño de 6 años con otro del sexo opuesto? Si eres capaz de visualizar esa escena y añadirle sexo ocasional te estarás acercando al modelo de relación que concibo.

Casi todos los matrimonios que conozco están retroalimentados por una rutina basada en la debilidad y en modelos tradicionales que hoy, por suerte o por desgracia, están obsoletos. Observa cómo los divorcios de mutuo acuerdo se convierten en la principal actividad en cualquier juzgado civil, cómo las infidelidades son temas de conversación habituales en los guiones televisivos y cómo lo tradicional se tambalea ante el embate de los amores caducos. Por eso la controversia está generalizada hoy en día, porque no nos paramos a pensar si realmente queremos echar el ancla en la vida o no hacerlo, ya que, obviando excepciones, con el matrimonio llega el momento de la reclusión en toda su esencia. Conozco a personas que dicen no necesitar más que lo que tienen. Yo digo que eso es mentira. Lo he comprobado en mi ojo y en el ajeno. Pero se cumple este tópico: El preso aprende a hacer su estancia en prisión soportable. El tetrapléjíco se convence de que siempre es mejor ser un trozo de carne excretante a ser un cadáver y el que vive atrapado en una situación circunstancial como el matrimonio aprende a sobrellevarlo y a refugiarse en ideas y sentimientos que realmente ha dejado de albergar, pero que ensalza con fe.
Por ello parece que hay tantas familias perfectas. Son comunidades de feligreses que se acompañan con satisfacción en el transcurso de su vida.

-Entonces ¿podríamos resumir en que debemos amar sin apego?

-Nadie lo habría dicho mejor. Paga la cuenta, que no llevo dinero encima...

-Tú nunca llevas dinero encima.