Los que defienden las nuevas tecnologías como medio para, como se suele decir, "socializar", están del todo en lo cierto. Redes sociales implican que la gente se organice solita en grupos en base a sus gustos y preferencias (algo muy jugoso para la venta de productos específicos), y que los miembros de estas organizaciones se "relacionen" entre sí, pero hay que resaltar que la gran mayoría de estas relaciones no pasan de lo cibernético.
Hago énfasis en los términos "socializar" y "relacionar" porque me parece remarcable el drástico cambio que ha sufrido la connotación de estas palabras...
Pero además de lo meramente tecnológico, el modelo social y cultural ha cambiado radicalmente. Pocos jóvenes apostamos por el modelo familiar tradicional, y hasta parece que se vea la clásica familia de marido mujer e hijos como algo anacrónico.
Las políticas de empresas y Estados miran con buenos ojos el hiperindividualismo; el número de pisos ocupados por una sola persona crece exponencialmente sobre todo en grandes ciudades, y vivimos bombardeados por los dictámenes de la moda que ensalza el autoculto y la perfección individual, páginas de chat que convierten nuestras preferencias sexuales en ecuaciones de búsqueda, sin hablar de las miles de páginas porno que ofrecen la autosatisfacción por el módico precio de 0 euros.
La globalización está acercando culturas, pero la humanidad nunca ha estado tan lejana de sí misma.
¿Está el hombre occidental siendo arrastrado por diferentes factores hacia una egolatría que le impida compartir sentimientos humanos con otras personas?