sábado, 30 de marzo de 2013

Ventanas encendidas en Tokio.

Unravelling by Harry Escott on Grooveshark

Son mártires que intentan expiar sus pecados cada uno de los días de sus vidas. Nunca la historia ha visto ni verá nada igual: Legiones de mártires que se agolpan en los semáforos y que pelean entre sí con una fiereza desesperada para cumplir briosamente con sus eufemísticas penitencias. Es éste un mundo raro. Es extraña nuestra convergencia como ciudadanos y divergencia como seres humanos, son extrañas las farolas y los carteles iluminados de Tokio, es difícil creer que en este mar de vida y conexiones de alta velocidad habite tal sentimiento de melancolía.

[...]

Esta noche me siento humano, echaba de menos sentirme humano por la noche, cuando abajo los transeúntes se apresuran por cerrar los comercios para ir a beber cócteles y hablar de sus jornadas.

Esta noche escojo sentirme humano, conscientemente permito reconocerme insignificante y ebrio de confusión. Reclamo mi humanidad a los edificios llenos de ventanas y les doy las gracias por su espectáculo de bestial soledad, que nos aleja del limbo para hundirnos las rodillas en el suelo, en la realidad que es nuestra y ante la cual no hallo manera de conciliarme si no es mediante el arte y la destrucción rutinaria.

[...]

Me pregunto si los japoneses disfrutan de sus incertidumbres, si llegan a sus apartamentos tras la agotadora jornada y hablan consigo mismos. Me pregunto si se siguen martirizando en esas ventanas encendidas.
Las ventanas encendidas en Tokio son misterios, portales en los que la humanidad se refugia de la noche bajo la salvaje tiranía del metal y del cobre.




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