Tras el sentimiento masivo de indignación, el "15-M" (posterior 15-O) y todos estos movimientos encasillables y carne fácil de prensa, cabe hacerse muchas preguntas: ¿Es éste el futuro que nos espera? Cada vez más oprimidos y asustados, ¿no terminaremos por estallar?
¿O seremos esa generación perdida de la que tanto se habla?
Suena a pancarta de "indignado", pero no hay verdad más grande: El futuro lo escribe uno mismo.
Con legiones de cerebros zombificados (llamémoslos jóvenes pasivos) sin más ilusión que el botellón del fin de semana siguiente y sin más preocupaciones que los cuelgues de red del servicio Blackberry, pocas esperanzas se nos muestran. ¿O no?
Otros jóvenes y no tan jóvenes(los llamaremos activos) empiezan a manifestarse y a hablar en términos claros acerca de la gran mentira en la que se basa nuestra democracia: Vemos diariamente como la igualdad es inexistente, familias enteras en la miseria y banqueros cobrando jubilaciones de millones de euros ante el silencio de gobiernos socialistas (surrealista) y la aprobación de la sociedad con su inacción. Esto es así, y es lo que nos merecemos, según las normas básicas del juego del capital, que sería totalmente respetable si se nos anunciara tal y como es, y no ocultándolo tras el velo de falsa y acogedora democracia, omnipresente, omnipotente y legítima.
Los que tradicionalmente han explotado al pueblo en su beneficio creían que iban a poder seguir haciéndolo indefinidamente, creían que iban a estirar un poco más su trayectoria de expolio y robo a los indefensos trabajadores, creían que los trabajadores eran unos putos mártires. Pero no, son personas, y están cabreadas.
Se está apostando por la vía diplomática: manifestaciones, conferencias, todo muy pacífico, legal y todo eso que la "Democracia" respeta. Pero (como comprobaremos en breve, pobre Rajoy) si estas quejas no se toman en serio o se ignoran, habrá que optar por otras alternativas no generalmente respetadas.
Los jóvenes activos han despertado de su letargo sorprendidos por el alud de mierda que se les viene encima y luchan desesperadamente por escapar, sea como sea.
Ahora la pugna está en que este movimiento se contagie, en ser o no esa "generación perdida" (no se me ocurriría un insulto peor en toda mi vida). Toda una generación tiene en su mano dar el salto a otra etapa.
¿Qué etapa? La respuesta está en el aire.