-Deuda pública, presión de los mercados, austeridad, corrupción, rescates... ¿Tú crees que en el crack del 29 los periódicos también utilizaban estos términos?-Me preguntaba, abriendo y cerrando su navaja de afeitar. -Pues no lo sé, la verdad.-Contestaba.- Creo que no, ahora se han acuñado muchos términos para hablar de nuevas situaciones que nunca antes habíamos vivido.
-Lo fascinante es que detrás de todo esto hay una serie de personas con el único afán de lucrarse al por mayor, personas que consagran su vida a hacerse ricos y poderosos. No les importa que el resto no tenga qué comer, es un síndrome de Prader-Willi aplicado a las ganancias... Siempre quieren más.
-Eso es normal, el ser humano siempre quiere más.
-Exacto, pero esas personas se equivocan profundamente al elegir qué querer. Lo cierto es que me dan bastante lástima. Toda una vida de esfuerzo y remordimientos con el único objetivo de algo tan combustible como el dinero o el poder... La mayoría se dan cuenta cuando se van a morir, y por eso hacen obras sociales, y fundaciones protectoras de niños huérfanos. Pero saben que ya no van a recuperar sus existencias malgastadas.
-No creo la mayoría de esos tiburones tengan remordimientos.
-¡Venga ya! Es fácil decir "los políticos y los banqueros son unos hijos de la gran puta", pero no te molestas en saber qué piensan y por qué actúan de ese modo. No puedes basar tus juicios incendiarios en ruedas de prensa divulgadas por los medios de comunicación o en panfletos de iniciativas ciudadanas masivas. Eso y una mierda es lo mismo. Yo te hablo de interesarse en la psicología de uno de estos dominadores, de los que se apoyan en un sistema político o económico y lo utilizan en su beneficio personal. No creo que sean tan malvados como los pintan los anarquistas o los grupos de oposición, solamente son seres humanos con una ambición dañina para el resto, y ahí siguen, en su mundo de favores, dinero y barómetros.
-Una ambición de poder sin fondo ni forma... Aunque bien es cierto que todos tenemos, en mayor o menor medida, esa ambición.
-¿Estás seguro? Yo aplaudo a este tipo de personas por entusiasmarse por algo en sus vidas, aunque sea por todo eso que hemos dicho. Al menos encienden su fuego y actúan en consecuencia. Los resultados ya son otro tema, pero tengo en más estima a alguien ambicioso que a alguien indiferente.
Claro que estarás de acuerdo conmigo en que nuestra principal virtud es la ausencia total de ambición, porque la palabra ambición implica poder y riquezas.
Yo me contento con caminar bajo un sol radiante, con leer un poema en voz alta y sentirme amigo del que lo escribió, con apasionarme con el legado que gente como nosotros dejó al mundo y que nos es ofrecido para que lo tomemos y utilicemos en nuestra circunstancia particular. Déjalos a ellos con el poder y la riqueza, déjalos con sus ilusiones y su constante sentimiento de pérdida.
Nosotros no perdemos porque no contemplamos la posibilidad de ganar.
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