-Pues... No sabría decirte... escribo.
-¿Eres escritor?
-No. Pero me gusta escribir.
-¿Qué escribes?
-Sobre todo poesía. Bueno, también hago relatos cortos.
-Qué bien... ¿Y en qué tienes pensado trabajar?
-...
-Aprovecha ahora que eres joven, si no, cuando te quieras dar cuenta se te habrá ido la vida. Si no, mírame a mí, o a tus padres...
(Es ahora cuando finjo una sonrisa y asiento)
Esta concepción es aceptada sin ser cuestionada, permanece y se repite constantemente en nuestras vidas. Está instaurado el pensamiento de que debemos labrarnos un espacio en nuestra sociedad natural, y cuanto antes, mejor. El miedo a llegar tarde hace que de las Universidades salgan profesionales de 22 años; la mayoría de ellos con la seguridad de que han alcanzado su máximum intelectual; confiando en que han completado el aprendizaje necesario para tener un salario y un estatus considerados dignos o, mejor aún, prestigiosos. Algunos comienzan a ganar dinero y viven su orgasmo de ignorante abundancia. Otros ven cómo sus ilusiones se desmoronan cual castillo de naipes. No aceptan su circunstancia y le echan la culpa al destino. Los podemos llamar "los que siempre se quejan". Miles de individuos de estos dos tipos se gradúan cada año en las universidades, alimentando este círculo de fuego de triunfadores y perdedores que abrasará indistintamente a las juventudes de cada generación. Quedan marcados con tanta rapidez como con la que se apresuran a graduarse, a entrar en el juego. Una vez dentro, es difícil salir; sobre todo si la idea de salida no queda recogida en sus, digámoslo así, posibilidades.
Me propongo no hablar demasiado.
-Puedes decirme lo que quieras, pero no me digas que se me habrá ido la vida. Estás presuponiendo demasiado sobre mí, y eso nunca es ni justo ni efectivo... No soy como tú, no quiero ser como tú y no voy a ser como tú ni como mis padres, ni como los padres de mis padres. Quiero vivir realmente.
-Ay chaval, todos hemos pensado así alguna vez cuando hemos sido jóvenes. Pero uno no puede vivir de amor y de agua fría, como dicen los franceses...
-Se puede vivir con poco más que eso. La cuestión que nos diferencia es qué consideramos que es vivir. No necesito un gran sueldo para vivir. Tampoco quiero un gran estatus que defender. Eso es demasiado para mí, considero que requiere un esfuerzo innecesario.
-Esas ideas se te caerán de la cabeza cuando veas lo dura que es la vida. La vagueza se la quita uno a base de escardillazos.
-La vagueza es lo que domina el espíritu del trabajador. Vuestra alma se acomoda a una rutina e incluso justifica su dignidad con ella. Esta es una de las cosas que más me sorprenden en mis semejantes. Si así lo queréis, os animo de buen grado a que viváis por aquello que os ocupe. Pero no me digas que se me va a ir la vida, si no entro a formar parte de vuestro paisaje.
-Tienes la cabeza muy dura, pero ya se te aclararán las ideas....
-Me temo que las ideas más claras se tienen siendo joven, los acontecimientos son como piedras que se tiran al río y enturbian su agua.
-Deja de hablar como un puto hippie y cuídate.
-Lo hago lo mejor que puedo. Gracias por salvarme.
-¿Qué?
-Hasta otra.
Me propongo no hablar demasiado.
-Puedes decirme lo que quieras, pero no me digas que se me habrá ido la vida. Estás presuponiendo demasiado sobre mí, y eso nunca es ni justo ni efectivo... No soy como tú, no quiero ser como tú y no voy a ser como tú ni como mis padres, ni como los padres de mis padres. Quiero vivir realmente.
-Ay chaval, todos hemos pensado así alguna vez cuando hemos sido jóvenes. Pero uno no puede vivir de amor y de agua fría, como dicen los franceses...
-Se puede vivir con poco más que eso. La cuestión que nos diferencia es qué consideramos que es vivir. No necesito un gran sueldo para vivir. Tampoco quiero un gran estatus que defender. Eso es demasiado para mí, considero que requiere un esfuerzo innecesario.
-Esas ideas se te caerán de la cabeza cuando veas lo dura que es la vida. La vagueza se la quita uno a base de escardillazos.
-La vagueza es lo que domina el espíritu del trabajador. Vuestra alma se acomoda a una rutina e incluso justifica su dignidad con ella. Esta es una de las cosas que más me sorprenden en mis semejantes. Si así lo queréis, os animo de buen grado a que viváis por aquello que os ocupe. Pero no me digas que se me va a ir la vida, si no entro a formar parte de vuestro paisaje.
-Tienes la cabeza muy dura, pero ya se te aclararán las ideas....
-Me temo que las ideas más claras se tienen siendo joven, los acontecimientos son como piedras que se tiran al río y enturbian su agua.
-Deja de hablar como un puto hippie y cuídate.
-Lo hago lo mejor que puedo. Gracias por salvarme.
-¿Qué?
-Hasta otra.
No hay comentarios:
Publicar un comentario