viernes, 18 de octubre de 2013
Allá por dos mil once
-Vaya, como están las cosas ¿eh? Dentro de nada estaremos como en Grecia, según se comenta -le decía-.
-Coño, no sabía que iban a traer el Panteón a hacer juego con la Alhambra.-tosía y se reía escandalosamente-. Tranquilo, es opinión pública.
-...
-Si te parases un instante a contemplar las preocupaciones que ocupan la mente de la gran masa, verías que en un porcentaje ridículamente alto se trata de cuestiones económicas, sin olvidarnos del ocio y esparcimiento. Son víctimas de su propia comunidad. ¿Tu crees que yo me levanto cada día con la preocupación de la situación económica de la Bolsa Europea o con la presión de tener que pagar una lavadora nueva? No se trata de tener un pensamiento idealista, nada más lejos de eso, sino de amar al individuo caótico que somos y que diariamente nos negamos a aceptar. Los programas temporizados nos ponen enfermos, no conozco un alma creativa que obedezca al pie de la letra órdenes del tipo que sean, y tampoco concibo la desobediencia sistematizada e ignorante que ahora tan en boga está en estas "respuestas ciudadanas". Nos ciega nuestro propio ciclo de pan, circo y ocupaciones menores; no siento respeto por mis mayores, pues ninguno hasta ahora me ha demostrado que valga la pena vivir por algo mejor que el mantra de la cultura occidental, que no es más que el producto de una trayectoria, no el fin.
Me parece inútil repetirlo, sabes de sobra lo que para mí resulta lo que llamamos nuestro comportamiento colectivo, y seguro que estás tan aburrido como yo de criticarlo, porque nos cuesta cada vez más identificarnos con algo así, nosotros luchamos por mantenernos a flote. Así que supongo que lo que pretendemos no será más que un vano grito de socorro en medio del hundimiento.
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