viernes, 25 de enero de 2013

Historieta del Boddishattva

-I-

Último poema de la Instrucción:

¿Alguna vez te has preguntado el por qué?
Como, por ejemplo,
¿Por qué estás casado?
¿Por qué compras el lugar en el que vivirás el resto de tu vida?
¿Por qué has olvidado ser compasivo?
¿Por qué sientes la necesidad de estar a la última?
¿Por qué la miel está tan dulce?
¿Por qué miras porno?
¿Por qué ese miedo al ridículo?
¿Por qué no pones a prueba tu fortaleza?
¿Por qué estudias una carrera?
¿Por qué dependes de un móvil inteligente con acceso a Internet?
¿Por qué no te apasionas?
¿Por qué huyes?
¿Por qué  mantienes todo el tiempo conversaciones insulsas?
¿Por qué esa geometría?
¿Por qué esa iracundia?
¿Por qué el mundo es tan inmenso?
¿Por qué compras lo que se te dice?
¿Por qué frecuentas tan poco los bosques?
¿Por qué estás tan ocupado todo el tiempo?
¿Por qué comentas tu día a día y esperas que otros se interesen por ello?
¿Por qué crees que le importas al resto?
¿Por qué fuerzas esa expresión funambulesca, fingiendo seguridad?
¿Por qué tantas ropas?
¿Por qué crees que lo vas a conseguir?
¿Por qué afirmas ser feliz?
¿Por qué trabajas?
¿Por qué no ríes con ganas?
¿Por qué tantos prejuicios?
¿Por qué el frío es tan reconfortante?
¿Por qué esa necesidad de información?
¿Por qué no haces por amar?
¿Por qué te sientes enfermo?
¿Por qué temes al fracaso?
¿Por qué esa prosaicidad?

-II-

Preguntándose a sí mismo en sus largas introspecciones, el Individuo en Fase de Instrucción  encontró respuestas, pero éstas no resultaron sino caricias momentáneas, humo blanco y sin olor. El Individuo en Fase de Instrucción decidió que su Período de Aprendizaje estaba llegando a una nueva etapa. Descubrió que no cabía esforzarse en la tortura del hallazgo de respuestas, sino en buscar el origen de las preguntas y someterse a un continuo trabajo de renovación del espíritu, no podía despertarse de la misma manera en la que se acostaba.
El Individuo en Fase de Instrucción se reafirmó en su creencia de no permanencia, y se aseguró que conseguiría dejar de hacerse esas preguntas para comenzar el laborioso trabajo de su propia construcción, o de su propia autodestrucción.






domingo, 20 de enero de 2013

Perdidos

-Deuda pública, presión de los mercados, austeridad, corrupción, rescates... ¿Tú crees que en el crack del 29 los periódicos también utilizaban estos términos?-Me preguntaba, abriendo y cerrando su navaja de afeitar. -Pues no lo sé, la verdad.-Contestaba.- Creo que no, ahora se han acuñado muchos términos para hablar de nuevas situaciones que nunca antes habíamos vivido.

-Lo fascinante es que detrás de todo esto hay una serie de personas con el único afán de lucrarse al por mayor, personas que consagran su vida a hacerse ricos y poderosos. No les importa que el resto no tenga qué comer, es un síndrome de Prader-Willi aplicado a las ganancias... Siempre quieren más.

-Eso es normal, el ser humano siempre quiere más.

-Exacto, pero esas personas se equivocan profundamente al elegir qué querer. Lo cierto es que me dan bastante lástima. Toda una vida de esfuerzo y remordimientos con el único objetivo de algo tan combustible como el dinero o el poder... La mayoría se dan cuenta cuando se van a morir, y por eso hacen obras sociales, y fundaciones protectoras de niños huérfanos. Pero saben que ya no van a recuperar sus existencias malgastadas.

-No creo la mayoría de esos tiburones tengan remordimientos.

-¡Venga ya! Es fácil decir "los políticos y los banqueros son unos hijos de la gran puta", pero no te molestas en saber qué piensan y por qué actúan de ese modo. No puedes basar tus juicios incendiarios en ruedas de prensa divulgadas por los medios de comunicación o en panfletos de iniciativas ciudadanas masivas. Eso y una mierda es lo mismo. Yo te hablo de interesarse en la psicología de uno de estos dominadores, de los que se apoyan en un sistema político o económico y lo utilizan en su beneficio personal. No creo que sean tan malvados como los pintan los anarquistas o los grupos de oposición, solamente son seres humanos con una ambición dañina para el resto, y ahí siguen, en su mundo de favores, dinero y barómetros.

-Una ambición de poder sin fondo ni forma... Aunque bien es cierto que todos tenemos, en mayor o menor medida, esa ambición.

-¿Estás seguro? Yo aplaudo a este tipo de personas por entusiasmarse por algo en sus vidas, aunque sea por todo eso que hemos dicho. Al menos encienden su fuego y actúan en consecuencia. Los resultados ya son otro tema, pero tengo en más estima a alguien ambicioso que a alguien indiferente.
Claro que estarás de acuerdo conmigo en que nuestra principal virtud es la ausencia total de ambición, porque la palabra ambición implica poder y riquezas.
Yo me contento con caminar bajo un sol radiante, con leer un poema en voz alta y sentirme amigo del que lo escribió, con apasionarme con el legado que gente como nosotros dejó al mundo y que nos es ofrecido para que lo tomemos y utilicemos en nuestra circunstancia particular. Déjalos a ellos con el poder y la riqueza, déjalos con sus ilusiones y su constante sentimiento de pérdida.

Nosotros no perdemos porque no contemplamos la posibilidad de ganar.

martes, 15 de enero de 2013

(El/La) Cólera

Hoy te hablo yo, para variar un poco.

Poco de literaria tiene la vida de una persona cualquiera, lo usual es tan poético como la diarrea. ¿No?
Y es la diarrea lo que me levanta un día mas, eso y el hastío que inspira a los muertos...
"Se trata de romper la rutina por un día" Oigo por la televisión, en un espacio informativo de investigación, sobre gente a la que le apetece ir en ropa interior por el metro en fechas que previamente acuerdan.

-Bien -pienso-. Es mejor enseñar los gayumbos descoloridos por ahí que soportar esta tortura tácita e incuestionable. Cómo odio levantarme cagándome encima un Lunes. Estoy pensando en coger un día e irme a cualquier sitio, cerquita del Polo, y volver cuando otro gallo  cante. El problema es que todos los gallos se están muriendo, y nosotros no nos preocupamos. En lugar de eso observamos tertulias de excelsos analistas deportivos (Manolo Lama como Oráculo de la Felicidad) debatiendo acerca de temas que pondrían a Oscar Wilde los pelos como escarpias.

Sentado en el váter, aprieto el esfínter y cierro los ojos recitando un improvisado mantra universal:

Vamos, sólo son horas que pasarán.
Estás sacrificándote por algo útil.
Venga, a lo mejor hoy te ocurre algo.
Durmiendo se pierde el tiempo.

¿Y qué es perder el tiempo? Me gustaría que alguien de incuestionable eminencia moralista me ametrallara con verdades y respuestas. Después me gustaría cruzarle un buen par de hostias en su eminente rostro y tomar alguna droga dura con él.
Hablando de verdades, poco o nada me importan tantas cosas que tienen tanta "importancia social". Solo hay que ver las encuestas para sentir la necesidad de realizar una introspección que determine si, efectivamente, soy de la misma especie que "la mayoría de los (inserte aquí nacionalidad)".

Y aquí estoy, ya cagado y listo para emprender la gran aventura de un Lunes por la mañana. Por el camino atravieso un túnel lleno de vagabundos que duermen. De repente siento que no he elegido madrugar y levantarme esa mañana, simplemente lo he hecho sin cuestionarlo.

Y ahí siguen los vagabundos, soñando en su túnel.



viernes, 11 de enero de 2013

Fogata al pie de una farola en una noche de jueves.

Sin palabras buenas.
Deja que te hable
porque si no hablo
los planetas se verán tristes
y débiles junto a las farolas y el progreso
y todas esas cosas que
invitan a no hablar.

Te lo exijo, te lo pido
te lo imploro, te lo canto,
no me des los buenos días
como antes
porque los días ya no son buenos
ni malos
son diferentes y a veces
un poco insoportables.

Así me quedo, y permanezco,
mas no por no sentir,
que por sentir ya siento
cada patada, cada momento,
cada náusea, siento los lamentos
profundos como mañanas grises
en la montaña gitana.

Deja que te hable,
deja de pensar por un momento
que soy un idiota,
que hablo sin decir nada,
que así es como lo quiero.

Te digo Ven,
te digo Escucha,
grito ¡Copón, acércate!
Y cuando ya estás aquí,
de repente huele a incertidumbre,
a luz de lumbre
y a ascuas de poesía.

miércoles, 9 de enero de 2013

Woodstock

Estábamos en Nantes, pasando la última noche allí antes de irnos al norte, cogiendo un tren de línea rumbo a Rennes. Dormíamos en un camping bastante barato, al lado del cual había un verde e inmenso campo de rugby sin ninguna valla. El recinto estaba lleno de conejos enormes que mas bien parecían perros. De madrugada se acercaban a las tiendas y los escuchaba hacer ruidos que nunca creí que un conejo pudiese hacer. Pero aquellos eran diferentes.


Compré unas cuantas baguettes para cenar y nos apañamos con los restos de comida que fueron sobrando de días anteriores. Cenamos pronto en el camping  y mientras terminábamos, escuchamos lo que parecía ser un concierto bastante cerca de allí, pero no teníamos ni idea de qué podía ser, así que decidimos ir.
Primero fuimos a darnos una ducha en los vestuarios públicos que había en el camping. El agua estaba caliente y fuera, aunque era Agosto, empezaba a refrescar. Así que estuvimos allí dentro cantando La Marsellesa mientras hacíamos turnos para la ducha. De repente escuchamos una voz que provenía de los vestuarios de mujeres, que comunicaban con los de hombres a través de un desnivel entre el muro y el techo, cantando también la canción. Empezamos a bromear y según pareció se trataba de dos jovencitas francesas. El caso es que nos invitaron a ir al concierto. Quince minutos después salíamos a comprar cervezas y nos fuimos para la zona de donde provenía la música.
Resultó que lo que creíamos que eran dos francesitas deseosas de lo que se supone que las francesas están deseosas, eran una chica de 17 años llamada Amèlie y una niña cuyo nombre no recuerdo que no parecía pasar de los 14. Al principio me pareció un poco violento, pero parecían bastante simpáticas mientras nos explicaban el motivo de aquel festival, organizado por el ayuntamiento local en un ciclo cultural para alejar a los jóvenes de la vida de la calle y de las drogas, así que no me importó estar con ellas.
Drogas no sé, pero en aquel lugar había alcohol por todas partes. Nos bebimos las cervezas y compramos más en una barra de bar que habían instalado en lo alto de una colina. Le ofrecimos a la mayor, pero no quiso. En el escenario actuaba gente que bailaba break dance, y gente que cantaba hip hop en francés. Miraba a mi alrededor y veía a madres con sus hijos, a viejos con pinta de borrachos y a hordas de jóvenes por todas partes. Pero cuando empezábamos a estar a tono en aquel ambiente tan extraño, la oscuridad se cernió sobre nosotros. El cielo se encapotó en poco tiempo y entonces empezó a llover.

Los días anteriores habíamos estado bajo una persistente y débil  llovizna, pero aquel día "realmente"comenzó uno de los peores temporales veraniegos que se recordaban en Francia en los últimos diez años, claro que eso nosotros no lo sabíamos.
El escenario estaba situado de espaldas al bosque que lindaba con el camping, en una gran explanada al pie de dos colinas que formaban una U, y con la lluvia que caía a mares, empezaron a proliferar los charcos y el barro. Volvimos corriendo a la tienda a coger unos chubasqueros, pero resultaron de poca utilidad con ese diluvio universal que estaba cayendo. Era algo muy agradable el extender los brazos y sentir la lluvia atravesarlos, una especie de embriaguez de olores y sensaciones que me sacudían el cuerpo y me invitaban a empaparme aún más de todo aquello, a vivir, a mirar en todas direcciones y charlar con toda esa gente desconocida, con las niñas francesas y con los raperos de metro noventa que teníamos delante . Nos quedamos un rato más en el concierto, hasta que los barrizales provocaron que la gente empezara a marcharse, la música terminó casi súbitamente y nosotros no sabíamos qué podíamos hacer en medio de aquel Woodstock fantasma, así que nos terminamos nuestro cóctel de agua de lluvia y cerveza, confirmamos que las dos francesas se habían evaporado y fuimos de vuelta al camping.
La zona de acampada estaba poco mejor que el barrizal anterior. Desmontamos y guardamos las tiendas en la oscuridad, calados hasta los huesos, y fuimos a la lavandería a ponernos ropa seca para irnos de aquel condenado lugar.
Sobre las 2 de la madrugada salimos hacia la estación de trenes. Seguía lloviendo a cántaros, pero como caminábamos bajo árboles, resultó no ser tan insoportable. Al llegar a la parada de autobús, comenzamos a ver grupos de jóvenes franceses borrachos como cubas, que sin embargo, se limitaron a esperar y a hacer bromas entre ellos. Una vez dentro del autobús, disfrutamos del espectáculo que daban éstos, hasta parecía una obra de teatro que nos hubiesen improvisado a sus invitados extranjeros. Nosotros nos mirábamos atónitos y nos reíamos con su actuación absurda e incomprensible, hasta que llegamos a la parada de la estación, cargados con nuestras enormes mochilas, con la tienda y todo eso. Ya no llovía como antes, pero era muy tarde y las puertas al interior de la estación estaban cerradas, así que decidimos dormir en la puerta, bajo un techado que nos protegía del agua y allí pasamos la noche, rodeados de mendigos y de mochileros en una situación parecida a la nuestra, expuestos a la humedad y a un frío increíble para ser verano.
Al principio hicimos turnos para vigilar las mochilas, pero me quedé dormido en el mío y nos despertamos cuando abrieron la puerta los guardias de seguridad y nos farfullaron que podíamos entrar.

Una vez en la caliente estación, desayunamos unas galletas mientras veíamos amanecer y cuando por fin nos sentamos en unos asientos de tren que nos parecían sillones señoriales, me quedé profundamente dormido, con una mezcla de cansancio y felicidad que nunca he vuelto a experimentar.

domingo, 6 de enero de 2013

Medios.

Vimos por una pantalla de televisión un resumen anual como los que suelen hacer los informativos a finales de Diciembre. Sonrió y me miró. Se quitó la chaqueta y cubrió la televisión con ella. Ante la mirada atónita de los allí presentes, se puso de pie en su banqueta y dijo:

-Bonne soirée damas y caballeros, tengo una pregunta para ustedes ¿Por qué veis en la televisión este resumen anual de fin de año? -Nadie respondió durante unos segundos, pero, tras un leve murmullo, algunos contestaron-.

-Porque lo están poniendo en la tele. -Decía un abuelo-.

-Porque explica lo que ha sucedido este año en el mundo. -Respondía una cuarentona ofendida-.

-Error. Lo estáis viendo porque por un lado os entretiene, tal y como os podría entretener ver una película o un programa de preguntas y respuestas, pero por otro lado porque estar al día os reconforta.

-Se bajó de la banqueta y cerró los ojos. Todo el mundo lo observaba en silencio. Cuando los primeros murmullos y desaprobaciones se dejaron sentir, comenzó su monólogo, aún con los ojos cerrados:

-"Dale a la gente concursos que puedan ganar recordando la letra de las canciones más populares, o los nombres de las capitales de Estado o cuánto maíz produjo Iowa el año pasado. Atibórralos de datos no combustibles, lánzales encima tantos “hechos” que se sientan abrumados, pero totalmente al día en cuanto a información. 
Entonces, tendrán la sensación de que piensan, tendrán la impresión de que se mueven sin moverse. Y serán felices, porque los hechos de esta naturaleza no cambian. 
No les des ninguna materia delicada como Filosofía o Sociología para que empiecen a atar cabos. Por ese camino se encuentra la melancolía. Cualquier hombre que pueda desmontar una pantalla de televisión y volver a armarla luego, es más feliz que cualquier otro que trate de medir, calibrar y sopesar el Universo, que no puede ser medido ni sopesado sin que un hombre se sienta bestial y solitario". 

-Estaba recitando un fragmento de Bradbury, pero los pobladores del bar parecían desconocerlo, porque se agitaron en sus bancas, reconocieron que, efectivamente, el hombre de la banqueta estaba loco o borracho, y siguieron con sus conversaciones y sus cigarros.

-¿Ves? -Me dijo de repente, abriendo los ojos y mirándome como un padre mira a su hijo.- Nadie de los aquí presentes se ha molestado en responderme, ni siquiera en recordarme que esas palabras no son mías. Mantente a flote, por encima de todo procura siempre estar en la superficie, o la masa te asfixiará. No cedas a la locura general y aprende a discernir lo banal de lo merecedor de tu tiempo.

Cogió la chaqueta de encima de la televisión y poco después nadie reparó en su ausencia.


Do yourself a favor: Become your own savior. - Johnston

viernes, 4 de enero de 2013

Apego.

Cuando salíamos a beber cerveza y me emborrachaba, solíamos tener conversaciones mas o menos interesantes, extrañamente recuerdo algunas:

-Mira a todas estas parejas de jóvenes enamorados, es bonito ¿verdad? El observar cómo un sentimiento tan irrefrenable y destructivo acaba con los individuos para formar parejas.

-Eso es lo que dice la gente como nosotros sólo porque somos incapaces de amar.

-¿Incapaces? Sé lo que es el amar a alguien, el depender emocionalmente de una persona hasta el punto de contar con la posibilidad de acabar con todo cuanto he querido por ella. Un sentimiento de querer que devasta todo individualismo y toda ilusión que no tenga que ver con ella. Ahora lo pienso y me digo: La ostia, qué suerte tengo por estar así.

-¿Así como?

-Libre, desatado, fuerte, sacrificando ese sentimiento de amor entregado y exigente por una vista amplia que pueda considerar y apreciar todos los colores de la vida.

-Pero te estarás perdiendo ese sentir... Te mueves por lo que amas, como tantas veces hemos discutido. El hecho de rechazar el amar implica demasi...

-No estoy rechazando el amar, sino TODO LO CONTRARIO.
Imagínate que tienes una relación con una persona. Ahora piensa que cada noche que pasas con ella puede ser la última, y que puede que mañana deje de apetecerte estar con ella, o a ella de estar contigo. Eso no implica que no disfrutéis juntos ni que no os queráis, pero que eso no camufle la enfermedad posesiva que nos infecta tan a menudo.
No estoy hablando de celos, más bien de ese tópico de "si amas algo, déjalo libre". ¿Has visto como se porta un niño de 6 años con otro del sexo opuesto? Si eres capaz de visualizar esa escena y añadirle sexo ocasional te estarás acercando al modelo de relación que concibo.

Casi todos los matrimonios que conozco están retroalimentados por una rutina basada en la debilidad y en modelos tradicionales que hoy, por suerte o por desgracia, están obsoletos. Observa cómo los divorcios de mutuo acuerdo se convierten en la principal actividad en cualquier juzgado civil, cómo las infidelidades son temas de conversación habituales en los guiones televisivos y cómo lo tradicional se tambalea ante el embate de los amores caducos. Por eso la controversia está generalizada hoy en día, porque no nos paramos a pensar si realmente queremos echar el ancla en la vida o no hacerlo, ya que, obviando excepciones, con el matrimonio llega el momento de la reclusión en toda su esencia. Conozco a personas que dicen no necesitar más que lo que tienen. Yo digo que eso es mentira. Lo he comprobado en mi ojo y en el ajeno. Pero se cumple este tópico: El preso aprende a hacer su estancia en prisión soportable. El tetrapléjíco se convence de que siempre es mejor ser un trozo de carne excretante a ser un cadáver y el que vive atrapado en una situación circunstancial como el matrimonio aprende a sobrellevarlo y a refugiarse en ideas y sentimientos que realmente ha dejado de albergar, pero que ensalza con fe.
Por ello parece que hay tantas familias perfectas. Son comunidades de feligreses que se acompañan con satisfacción en el transcurso de su vida.

-Entonces ¿podríamos resumir en que debemos amar sin apego?

-Nadie lo habría dicho mejor. Paga la cuenta, que no llevo dinero encima...

-Tú nunca llevas dinero encima.