sábado, 23 de febrero de 2013

Educación Occidental


He intentado hacer la traducción lo mejor que he sabido, de todas formas, bastante mierdosa. 
Nada como el idioma original en el arte.



Él no me enseñó inglés
No me enseñó alemán
Ni siquiera el francés correctamente

Ella no me habló de libros
Ni de historia, ni de ideas
Ni de la ideología política a seguir
Ni de movimientos de librepensadores

Ella no me ha enseñado nada práctico
Ni cocina ni costura
No me enseñó a hacer mayonesa
Ni a montar una empresa, ni a realizar las labores del hogar.

Él no sabía gran cosa de matemáticas
Ni la ecuación de Schrödinger
Pero para ser honestos
Se aseguraron de que perfeccionase mi revés a dos manos
De que flexionase bien las piernas, pero eso no duró mucho
Eso nunca funcionó

Me dieron un modelo liberal, democrático
Me transmitieron un cierto sentimiento de asco
Llamémoslo desinterés 
Por la religión

Pero él nunca me dijo para qué servía el piano
Ni el cine francés que, por cierto, le daba de comer
Ella nunca me dijo cómo ambos se habían casado
Cómo se habían equivocado y como se habían separado.
Ni me dio otro modelo a seguir.

No me hablaron de Marx, rival de Tocqueville
Ni de Weber, enemigo de Lukacs
Pero me dijeron que había que votar.

Ella no me ocultó la existencia de nada, salvo la de 
Rousseau, la de Proust y la de "Muerte a Crédito"


Ellos nunca hicieron ningún comentario sobre el Mayo del 68
Ningún comentario sobre la sociedad del espectáculo
Pero creían que a Balzac se le pagaba por líneas
Y que podíamos tenerle cierto desprecio

Ellos no conocían las historias de la Resistencia o de la Gestapo
Pero sí que sabían algunos trucos para pagar menos impuestos

Recordaban sonrientes el carnet del Partido Comunista de sus padres
Pero decían poco sobre de Gaulle, algunas bromas sobre Pétain, nada sobre Hitler.

Ellos habían conocido el mundo sin televisión pero no me hablaban de eso
No querían que viese "Apocalypse Now"
Pero me dejaban leer "En el corazón de las Tinieblas"
Ni siquiera lo leí. No me dijeron que estuviese bien.

No me enseñaron cómo comportarme con las chicas
Cómo organizar el dinero, ni cómo tratar a los muertos.
Tenía que encontrar la manera de vivir con mi medio hermano,
mi media hermana, medio muerto, medio compañera.
Convivir con los amantes, con los casados por segunda vez,
con los alcohólicos, con los no franceses...

Hijos de izquierdas: Se manifiestan, militan.
Hijos de derechas: Heredan, se aprovechan.

Nunca me pegaron
Tampoco me quisieron demasiado, sin duda

No había muchas cosas por hacer
Excepto, tal vez, ser Politécnico
No había muchas cosas por no hacer
Excepto, tal vez, ser músico.

Ella me hizo saber que la droga era demasiado peligrosa
Él me dijo que los cigarrillos eran demasiado caros
Ella me dijo que una vez estuvo enamorada
Pero nunca me dijo si lo había estado de mi padre.

Ella no me dijo qué hacer cuando uno se siente solo
Él no me dijo que a menudo, entre viejos amigos, hay peleas, líos...
No me dijo que todo se lía, que todo se complica, que a menudo se debe prescindir.


Ella no me dijo nada sobre Freud, e ignoro a Lacan
Ni sobre consejos ni razones prácticas
Sobre problemas de familia, historias para dormir a los niños
Ni sobre historias para hacer soñar a los mayores.

Él no me dijo una palabra sobre la Nouvelle Vague
Ni sobre todo lo que vino antes.
Pero hablaba del museo Louvre como una cosa interesante.

No decían nada sobre Michel Sardou
Pero me debía gustar Julien Clerc
Una vez me hablaron de un concierto...

Por eso, no sé nada sobre los pobres
no sé nada sobre la aristocracia remanente
No sé nada sobre los activistas de izquierda
No sé nada sobre los nuevos ricos

No hablaban de los católicos, ni de los judíos
ni de los árabes.
Los chinos ni existían.

Ella creía que los Negros olían
A ella no le gustaban los olores
A él no le importaban una mierda

viernes, 15 de febrero de 2013

Compasión.

Del latín cumpassio, "sufrir conjuntamente/pasión conjunta".

-I-

-Vamos, dispara. No es tan difícil, solo tienes que tirar del martillo, apuntar bien y apretar el gatillo lo suficientemente fuerte para hacer girar el tambor. El proyectil saldrá a unos 300 metros por segundo y se incrustará en la cabeza de este muchacho. Una vez dentro, la bala se abrirá dentro de su cráneo provocando un desgarro en la masa cerebral de consecuencias irreversibles y el propietario de ésta morirá en uno o dos segundos como mucho. Una de las ventajas del revólver es su devastador calibre.

El joven ejecutor está temblando de pies a cabeza, sudando visiblemente y observando los ojos desorbitados de su víctima que, maniatada y de rodillas, balbucea ruegos y súplicas, pero tiene la boca obstruida por un trapo enrollado y las babas le empapan la pechera de la camisa. 

El ejecutor hace retroceder el martillo.

En ese momento el reo, como sacudido por el latigazo de la inminencia de su muerte, se levanta e implora clemencia, pero el trapo le impide vocalizar y siente arcadas. Al instante cae de nuevo de rodillas y empieza a llorar temblorosamente. Los mocos le brotan de la nariz y se le hunde el pecho al estremecerse.

La patética visión de la víctima le parece insoportable al ejecutor, piensa en no dispararle.

Pero recuerda por qué está apuntando a la cabeza de ese hombre.


-II-

Cuando tenía diez años, el gobierno israelí nos echó de nuestro hogar en Jerusalén por ser musulmanes, y tuvimos que marcharnos al norte de Cisjordania, donde vivimos muchos meses en paz. Pero el conflicto entre Israel y Palestina se intensificó y los aviones empezaron a bombardear nuestras casas.
Cuando el colegio estaba abierto, el profesor cada poco tiempo nos comunicaba que un compañero nuestro había muerto, o que estaba tan malherido que moriría dentro de poco. Una vez un misil de F-16 cayó encima de nuestro patio de recreo. Afortunadamente estábamos en clase, pero había unos cuantos alumnos castigados que arreglaban los jardines del exterior. Cuando cesó el estruendo y se asentó la polvareda, vimos trozos de sus cuerpos esparcidos por todo el cráter que formó el misil, y uno de los niños estaba aún vivo. Había perdido prácticamente de la cintura para abajo, pero aún se movía y emitía un gemido semejante al de un animal somnoliento. El profesor rápidamente cerró las persianas, pero todos vimos a ese alumno morirse cubierto de polvo.

Tres días después, otro bombardeo sacudió nuestras casas. Los israelíes estaban respondiendo a un ataque palestino de cohetes Qassam, que supuestamente habían sido lanzados desde alguna parte de mi barrio. Ninguno de los vecinos vio nunca el lanzamiento de esos cohetes.

El bombardeo fue devastador y murieron muchas personas. Un misil fue a caer justo encima de nuestro tejado, lo atravesó y explotó en la habitación de mis padres. Murieron todos los que estaban en la casa, excepto mi tía Faghira y yo, que habíamos salido a coger huevos al gallinero. Al entrar a la casa, me impresionó el absoluto silencio que reinaba, y cuando me inundó el olor a carne quemada sentí ganas de llorar y fui a los brazos de mi tía. Nunca me embargó un sentimiento de odio semejante.

Varios palestinos de la insurgencia consiguieron derribar a uno de esos aviones y capturaron al piloto, un joven judío muy blanco y de unos 25 años de edad. Mi padre, que en el momento del bombardeo estaba durmiendo, era uno de los cabecillas del Frente de la Liberación Palestina. Su cuerpo no pudo ser recuperado para su enterramiento.
Sus compañeros decidieron honrarlo ejecutando al joven piloto y su único hijo vivo debía ser el que lo matase.


Por eso estoy apuntando a la cabeza de ese hombre.

-III-

-Me llamo Hakam, que significa "el que juzga o decide". En este preciso momento me siento incapaz de decidir el futuro de este hombre, porque ¿quién sino Dios es capaz de juzgar si alguien debe vivir o morir?
Hakam el ejecutor traga saliva, apunta al ojo derecho del piloto y empieza a apretar el gatillo. El tambor se mueve, pero necesita un apretón mas fuerte para girar por completo. El piloto se orina encima y consigue deshacerse del trapo que le impedía gritar. Le ruega clemencia en su idioma, pero el ejecutor lo entiende, y sus ojos se abren de par en par cuando escuchó la palabra compasión proferida de los labios de la víctima.
-Al sobrevolar las casas, los pilotos no escucháis los ruegos y los gritos de terror de vuestras víctimas. Esa es una ventaja con la que no cuento yo. Me pides que sienta lástima por tu situación, pero siento lástima por quien eres, y por quien me voy a convertir cuando te mate. Formaré parte del círculo de violencia que devasta esta tierra y ya jamás podré salir de él. Formamos parte de las mismas circunstancias y por eso te compadezco, ojalá estuviésemos lejos de aquí en tierras nevadas y en paz. Pero seguimos albergando un odio que se alimenta de sí mismo, y como todo sentimiento que se alimenta de sí mismo, nunca cesará a menos que Dios nos ayude.

-Cuando Alá creó el mundo dijo: Mi compasión prevalecerá sobre mi ira. La misericordia debe ser un sentimiento predominante sobre el castigo.
Pero yo no soy Dios y mi compasión no puede prevalecer sobre mi ira.

Es entonces cuando aplica un poco más de fuerza sobre el gatillo y el tambor gira.





miércoles, 6 de febrero de 2013

Identidad

Flexionando las piernas, Nemo se detiene en medio de sus ejercicios y me dice algunas cosas, intentando describir con palabras lo que a veces vislumbra mentalmente.

-Es una sensación semejante al vaivén de un barco en medio del océano, con un trasfondo final que se me escabulle, que siempre se me resiste.    

Nemo no logra entender el por qué de su inquietud y me mira con ojos desesperados.

-No consigo dormir tranquilo.-Me dice con voz ronca.-Hay momentos del día en los que la melancolía se apodera de mí y apenas puedo seguirle el baile. Una tristeza sin origen a la que no sé darle sentido. Me parece que estoy enfermo de hastío y soledad.

Quiero que Nemo se dé cuenta de que es difícil llevar a cabo una vida como la suya y se lo digo.

-Lo difícil es aceptar la insignificancia, sonreír ante la idea de muerte y rellenar todas nuestras dudas con un conglomerado de serrín al que llamamos circunstancias.

Sonrío y le pregunto si alguna vez se ha cuestionado su propia identidad. Nemo se queda lívido mirando el vacío, al poco, me apunta con sus ojos azules y se estremece.

-¿Quién soy yo?

Empieza a caminar por la habitación, apretando los puños y temblando como una hoja de papel. Poco a poco empieza a recobrar el color, sus pasos se hacen más ligeros y su mirada más viva. Me mira y sonríe. Lo he vuelto a salvar. Sonrío.

-Hoy me llamo Nemo, ayer no recuerdo como me llamaba, y mañana me llamaré de otra manera. Hoy no soy nadie y mañana seré cualquiera, eso es lo único que recuerdo en cada transmutación. No hay que temer a las dudas, los dogmas o los miedos, porque cada vez serán diferentes. Pesadillas pasajeras que nos visitan una noche para que consigamos empaparnos de sus enseñanzas sin daño posterior alguno.

Solo sé quién soy ahora, pero no sé quién fui ni quién seré.

-¿Y tú? -.Me pregunta.

-¿Quién eres tú?