Hoy es día doce
del mes doce
del año doce.
Hoy me he sentido mal
y me he sentido un poco mejor.
Pero no es eso, no,
eso sólo es un acorde mayor.
Arruinado, desposeído,
libre garza en su agua verde
o libre viento de Diciembre
que se cuela por debajo
de las puertas,
de los abrigos,
de las ganas de vivir.
Pero no es eso, no,
eso sólo es un escudo de hojas secas.
El noticiario nos obliga,
nos obligamos como se obliga
al cerdo a cebarse en primavera.
Mis papás me miran raro,
pero eso no les impide seguir
con un suicidio de nadas
y de algos, de trasvase de
temas y problemas, en un
mundo expectante,
combustible fósil y con corazones
increíblemente existentes.
Pero no es eso, no,
eso sólo son circunstancias oxidables.
Lo que sí es,
es que ando perdido,
verdaderamente lo ando.
No poder sino tirar faroles,
en apuestas de orgullos y
premios distantes.
Distancia, eso es,
como distantes son los bosques caducifolios
y las percepciones deformadas
de una realidad blanca y azul,
en algún lugar donde, uruguayo,
la indiferencia sea una obscenidad