Cuando salíamos a beber cerveza y me emborrachaba, solíamos tener conversaciones mas o menos interesantes, extrañamente recuerdo algunas:
-Mira a todas estas parejas de jóvenes enamorados, es bonito ¿verdad? El observar cómo un sentimiento tan irrefrenable y destructivo acaba con los individuos para formar parejas.
-Eso es lo que dice la gente como nosotros sólo porque somos incapaces de amar.
-¿Incapaces? Sé lo que es el amar a alguien, el depender emocionalmente de una persona hasta el punto de contar con la posibilidad de acabar con todo cuanto he querido por ella. Un sentimiento de querer que devasta todo individualismo y toda ilusión que no tenga que ver con ella. Ahora lo pienso y me digo: La ostia, qué suerte tengo por estar así.
-¿Así como?
-Libre, desatado, fuerte, sacrificando ese sentimiento de amor entregado y exigente por una vista amplia que pueda considerar y apreciar todos los colores de la vida.
-Pero te estarás perdiendo ese sentir... Te mueves por lo que amas, como tantas veces hemos discutido. El hecho de rechazar el amar implica demasi...
-No estoy rechazando el amar, sino TODO LO CONTRARIO.
Imagínate que tienes una relación con una persona. Ahora piensa que cada noche que pasas con ella puede ser la última, y que puede que mañana deje de apetecerte estar con ella, o a ella de estar contigo. Eso no implica que no disfrutéis juntos ni que no os queráis, pero que eso no camufle la enfermedad posesiva que nos infecta tan a menudo.
No estoy hablando de celos, más bien de ese tópico de "si amas algo, déjalo libre". ¿Has visto como se porta un niño de 6 años con otro del sexo opuesto? Si eres capaz de visualizar esa escena y añadirle sexo ocasional te estarás acercando al modelo de relación que concibo.
Casi todos los matrimonios que conozco están retroalimentados por una rutina basada en la debilidad y en modelos tradicionales que hoy, por suerte o por desgracia, están obsoletos. Observa cómo los divorcios de mutuo acuerdo se convierten en la principal actividad en cualquier juzgado civil, cómo las infidelidades son temas de conversación habituales en los guiones televisivos y cómo lo tradicional se tambalea ante el embate de los amores caducos. Por eso la controversia está generalizada hoy en día, porque no nos paramos a pensar si realmente queremos echar el ancla en la vida o no hacerlo, ya que, obviando excepciones, con el matrimonio llega el momento de la reclusión en toda su esencia. Conozco a personas que dicen no necesitar más que lo que tienen. Yo digo que eso es mentira. Lo he comprobado en mi ojo y en el ajeno. Pero se cumple este tópico: El preso aprende a hacer su estancia en prisión soportable. El tetrapléjíco se convence de que siempre es mejor ser un trozo de carne excretante a ser un cadáver y el que vive atrapado en una situación circunstancial como el matrimonio aprende a sobrellevarlo y a refugiarse en ideas y sentimientos que realmente ha dejado de albergar, pero que ensalza con fe.
Por ello parece que hay tantas familias perfectas. Son comunidades de feligreses que se acompañan con satisfacción en el transcurso de su vida.
-Entonces ¿podríamos resumir en que debemos amar sin apego?
-Nadie lo habría dicho mejor. Paga la cuenta, que no llevo dinero encima...
-Tú nunca llevas dinero encima.
Nada hay tan doloroso como anteponer tus convicciones a TU mundo
ResponderEliminarEl dolor es necesario.
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