Una persona puede soñar con que su situación sufra un giro brusco; que pase de estar fotocopiando documentos en una oficina a ser un monje de cabeza rapada en un palacio del sur de Japón, o que en vez de pasarse la tarde del sábado viendo un programa deportivo se anime a coger una pistola y atracar una sucursal bancaria para ponerse a prueba. En ambos casos la persona está fantaseando y casi con total probabilidad nunca llegará a cumplir estas "fantasías". Pero lo terrible de esa situación es que el sujeto en cuestión no se pregunte: ¿De verdad quiero hacer eso con lo que estoy fantaseando? O mejor aún: ¿Prefiero hacer eso con lo que estoy fantaseando a esto otro que estoy viviendo?
Se produce aquí una coyuntura de la que podemos destacar dos temores esenciales: El miedo a la pérdida (porque no podemos prever las consecuencias reales de nuestras acciones hipotéticas hasta que no las llevamos a cabo) y el temor a lo desconocido (puesto que salirse de lo acostumbrado es como lanzarse al vacío, no sabes cuándo vas a llegar al suelo ni cuánto te va a doler el impacto de la caída). Está claro que la segunda consecuencia que hemos destacado va directamente ligada a la primera porque: ¿Qué es el miedo a lo desconocido sino un rechazo a la pérdida de lo que ahora percibimos como seguro?
Todo se reduce al apego y al círculo de seguridad que creamos a nuestro alrededor. Necesitamos un lienzo, una base estable y sólida sobre la que pintar nuestro cuadro infinito de tonos grises que es nuestro día a día.
Las motas de color vienen dadas por las circunstancias o por nuestro comportamiento, pero éstas se darán en la mayoría de los casos de una manera aislada y casi en contra de nuestra voluntad.
El acostumbrarse a una vida es una tendencia (una enfermedad) natural inherente a la condición humana. Nos sentimos mas cómodos en nuestro círculo de seguridad que fuera de éste, nuestro bienestar es mayor conforme nuestra seguridad aumenta.
Si intentamos deshacernos de nuestro lienzo y lanzarnos a lo incierto, casi con total probabilidad viviremos experiencias inusuales, que bien nos pueden maravillar o desagradarnos profundamente. Pero la esencia de la creatividad es la experimentación, y si somos almas creativas debemos abrazar el acto de experimentar como un don y un privilegio, no como un sacrificio, puesto que no todos se dan cuenta de que pueden abandonar en cualquier momento su vida; esa percepción se pierde cuando el tiempo y lo diario pasan por encima.
Debemos mantenernos a flote, ser conscientes de nuestras posibilidades y acciones atendiendo más a las causas que a las consecuencias, no estigmatizar la impulsividad si ésta nos ofrece la magia y el colorido de la nueva experiencia. No supondrá un esfuerzo abrir la puerta a la curiosidad cuando ésta implique nueva experiencia, pues estaremos abriendo infinidad de ventanas a la sabiduría, al desarrollo y nuestro aprendizaje como seres mortales.
Seamos pues mortales.
Debemos mantenernos a flote, ser conscientes de nuestras posibilidades y acciones atendiendo más a las causas que a las consecuencias, no estigmatizar la impulsividad si ésta nos ofrece la magia y el colorido de la nueva experiencia. No supondrá un esfuerzo abrir la puerta a la curiosidad cuando ésta implique nueva experiencia, pues estaremos abriendo infinidad de ventanas a la sabiduría, al desarrollo y nuestro aprendizaje como seres mortales.
Seamos pues mortales.
Mortales somos. Certero post.
ResponderEliminarSaludos.