miércoles, 6 de febrero de 2013

Identidad

Flexionando las piernas, Nemo se detiene en medio de sus ejercicios y me dice algunas cosas, intentando describir con palabras lo que a veces vislumbra mentalmente.

-Es una sensación semejante al vaivén de un barco en medio del océano, con un trasfondo final que se me escabulle, que siempre se me resiste.    

Nemo no logra entender el por qué de su inquietud y me mira con ojos desesperados.

-No consigo dormir tranquilo.-Me dice con voz ronca.-Hay momentos del día en los que la melancolía se apodera de mí y apenas puedo seguirle el baile. Una tristeza sin origen a la que no sé darle sentido. Me parece que estoy enfermo de hastío y soledad.

Quiero que Nemo se dé cuenta de que es difícil llevar a cabo una vida como la suya y se lo digo.

-Lo difícil es aceptar la insignificancia, sonreír ante la idea de muerte y rellenar todas nuestras dudas con un conglomerado de serrín al que llamamos circunstancias.

Sonrío y le pregunto si alguna vez se ha cuestionado su propia identidad. Nemo se queda lívido mirando el vacío, al poco, me apunta con sus ojos azules y se estremece.

-¿Quién soy yo?

Empieza a caminar por la habitación, apretando los puños y temblando como una hoja de papel. Poco a poco empieza a recobrar el color, sus pasos se hacen más ligeros y su mirada más viva. Me mira y sonríe. Lo he vuelto a salvar. Sonrío.

-Hoy me llamo Nemo, ayer no recuerdo como me llamaba, y mañana me llamaré de otra manera. Hoy no soy nadie y mañana seré cualquiera, eso es lo único que recuerdo en cada transmutación. No hay que temer a las dudas, los dogmas o los miedos, porque cada vez serán diferentes. Pesadillas pasajeras que nos visitan una noche para que consigamos empaparnos de sus enseñanzas sin daño posterior alguno.

Solo sé quién soy ahora, pero no sé quién fui ni quién seré.

-¿Y tú? -.Me pregunta.

-¿Quién eres tú?


2 comentarios:

  1. Espero que algún día triunfes... Y me ayudes a sacar las ideas de mi destartalada cabeza.

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