lunes, 18 de noviembre de 2013

Retrato.

Somos algas oscuras y esperamos a que el semáforo se ponga en verde. 

Las caras pálidas y enjutas de los primeros guardianes, las manos en los bolsillos y el paso alquitranado que se funde con el universo a medio atornillar. Los padres apresurados parecen suplicar clemencia a algún dios implacable, y sus hijos los hacen volver en sí tirando el desayuno por el suelo. Creo que me repito y me mareo, pero a uno siempre le despiertan unas palabras los rostros de principios de invierno, con sus ceños fruncidos como acantilados de Centroamérica, con sus miradas plateadas y definitivamente inexpugnables.

A veces veo alguna excepción, alguna melena que cae como un rayo en el océano y salva la mañana de Noviembre. Sigo el fulgor y casi lo huelo, pero nadie me alienta y pierdo el rastro.  Ojalá no caminase tan lento. Ojalá tuviese prisa, pero no me apetece apartarme aún del frío. Siempre dije que el frío despertaba los sentidos y endulzaba la amargura. Los mejores fuegos arden en la nieve, pienso. Y se me vienen a la cabeza las hogueras donde arden los neumáticos que alguna vez calzaron todos estos coches que se agolpan de repente. Los hombres parados vocean, gritan y carcajean mostrando sus dientes llenos de calcio, mientras hablan por teléfonos móviles. Se ríen porque saben que son testigos y herederos, pero sobre todo ejecutores, se ríen porque perciben el fin, tan inminente como cualquier otro fin. No se termina de nublar la mañana de hoy, dicen los viejos, siempre viejos y agradecidos, que se saludan con profusión por haber inaugurado un frío nuevo. Un frío que se cuela por debajo de las puertas y asalta las esperanzas recién descubiertas de los negros que duermen al calor de las baldosas.

En el fondo todos peleamos. Camino junto a resueltos gladiadores que ganan tiempo a empellones para luego perderlo abrazados. Comprendo entonces que nadie podrá nunca juzgarlos por sus actos. Son ellos los que pelean en el suelo y sus dioses están ya muertos, enterrados y plañidos. Están condenados y con cada mañana llega una nueva redención.


1 comentario:

  1. El invierno trae paz y guerra casi a partes iguales. Y a veces está bien. Pero yo ahora necesito sol.

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