domingo, 4 de noviembre de 2012

Vacas Sagradas.

Se sentó, encendió el cigarrillo que le iluminaba tenuemente la cara llena de marcas y cicatrices. La penumbra hacía parecer que lo que iba a decirme era importante.

-Escucha -comenzó- , quiero que me prestes un poco de atención, y así te ayudaré a ordenarte un poco, que empiezas a darme bastante lástima. No me des las gracias, solo te estoy dando el golpe de gracia como haría el cazador con su presa.

No hablé. Solo me quedé mirándole y tragué saliva. 

-Disfrutas de tu propio sufrimiento. Eso ya lo sabes. Son muchas las personas a las que sus vidas les parecen tragedias, y se mueren por que continúen siéndolo. Sin sufrimiento no hay estímulo, no hay un mal mayor ante el que pelear para seguir levantándose todos los días. Un mal o un obstáculo que puede ser creado por los Buscadores de Tragedias o que, si hay suerte, puede venir dado por factores externos.

Tu caso no es especial, formas parte de un colectivo de gente que sufren el hándicap de creerse malditos. Digo hándicap, porque obviamente no te diferencias en nada de aquellas otras personas que son felices aplicando la definición de estabilidad a sus vidas controladas y redundantes. Esas personas son felices como Vacas Sagradas pastando en el Sur de la India. Y hay otras personas como tú que se alimentan de su propio drama personal, y si éste no existe hacen lo que sea por experimentarlo. Necesitan sentirse mártires y no son más que un montón de desgraciados con delirios de mártires. He de confesarte que me parece de lo más decadente. 

Cuando quieras darte cuenta estarás en una habitación como esta, viejo, solo, y con la sensación de que tienes el estómago lleno de una mezcla de brasas, cenizas y mierda. No serás joven nunca más, y tu pueril sensación de mártir habrá sido sustituida por la sensación de una vida malgastada. Pero también acepto que cuestiones el término de felicidad y si deberías aspirar a ella en tu vida. La felicidad solo es una meta más a la que aspirar, lo reconozco, pero es que se habla tanto de ella que a veces nos pierde la tradición...

En tus manos está ser el protagonista de tu obra dramática o el protagonista de una vida no tan dramática. No te intento convencer de nada. Solo quiero que dejes de engañarte y lo aceptes, sabes que me limito a dar mi opinión y que odio hablar en términos absolutos.

-Y es verdad, odiaba hablar en términos absolutos-.


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