Él sabía que hay algo más insoportable que el hecho de estar muerto, y eso es la espera en el pelotón de fusilamiento, aguardando a que una bala le reventara el hueso frontal del cráneo, que viajara por su cerebro desgarrándolo y que se incrustara en la pared tras haberle perforado la nuca.
-Lo peor no es caer desplomado, sino el estado en el que llegas al suelo.- Me decía.
-Lo peor no es que tu cuerpo permanezca inerte, sino sentir que sigues con vida.
-Lo peor es luchar por que las lágrimas no te ahoguen mientras esperas el tiro de gracia.
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