sábado, 17 de diciembre de 2011

¿Dónde se esconden?

Como dijo hace varios miles de años mister Eclesiastés: Nihil sub sole novum, o lo que es casi lo mismo: "No hay nada nuevo bajo el sol" y sé que no voy a innovar en este tema, pues aunque no he leído casi nada antes de esto, autores como Dostoievsky o Hemingway han ahondado en estos pensamientos.
A lo largo de la historia, los llamados moralistas han tratado, con muy buena intención, de establecer unas directrices o pautas de comportamiento personal, con el objetivo de estar en paz con nosotros mismos, y consecuentemente con el resto de la humanidad. Lo han hecho tanto moralistas laicos (Explosión moralista francesa del siglo XVII) como religiosos.

Se han encargado de elaborar métodos o modelos de correcto comportamiento ético para contribuir a la armonía global, cosa que es del todo noble, pero peligrosamente idealista. Los moralistas enseñan a poner la otra mejilla cuando nos golpean, a recurrir a la fe en momentos de angustiosa desesperación, a ser condescendientes y altruistas, a desear y a esperar las ventajas espirituales y éxitos futuros.

Y yo me quiero centrar en uno de los principios más globalizados de los moralistas modernos: Es el clásico "Desea algo con fuerza y lo conseguirás" o el más divulgado aún "Trabaja duro y mañana serás lo que quieras, tendrás poder, dinero y todo lo que eso conlleva, es decir, lo que cualquier occidental podría desear".
Este antiguo principio se ha ido adaptando con el paso de los años, todos hemos visto películas de gente "marginal" que con esfuerzo y tesón han sido los reyes del mambo, y programas en los que entrevistan a un hombre que ha perdido las piernas por una explosión de una mina en Irak y , entre lágrimas, nos convence de lo bonita que es la vida.
Historias que desembocan en éxito tras gran tesón y sufrimiento, en pocas palabras.

Pero, ¿por qué no se habla del trabajo frustrado?, ¿de las vidas entregadas a una causa que al final resulta ser estéril? No hablan de pobres viejos que han luchado toda su vida por tener una existencia respetable y ostentosa y han muerto pobres como las ratas. No se habla de talentos frustrados porque papá no puede pagarles una escuela mejor, ni tampoco se habla de la vida malgastada de tantas generaciones cuyo potencial se ha visto cercenado por un sistema de gobierno opresor... Del desafortunado viejo pescador que sí se atreve a retratar el eterno Hemingway.
No se habla de la frustración absoluta, del todo por la nada, de la angustia del moribundo cuando descubre que su vida se ha visto apocada al fracaso. Lo único que les queda a estos infelices es su único recuerdo. Y me pregunto donde se esconden estos moralistas de ideas tan luminosas cuando deben enseñar a arrastrarse por las profundidades, a reconocer el propio fracaso y a ser consciente de que no habrá próxima oportunidad.
A menudo el pensamiento idealista queda superado por el mundo cuando se enfrenta a la, a menudo, oscura realidad.

6 comentarios:

  1. No se habla de ello para hacer creer que la posibilidad de triunfo es segura aunque requiera cierto esfuerzo. No se habla porque el mundo es débil en cuando a psicología, y el retrato de la frustración contagia más, curiosamente, cuando aún no sabes qué hacer, cuando estás perdido entre posibilidades y ninguna de ellas cala lo suficiente en ti como para poder decir que te gusta. No se habla porque el mundo de hoy es una industria en la que solo hay unos pocos favoritos del jefe que no estás dispuestos a compartir su suerte y los demás tenemos que dejarnos el culo para comer, haciendo el trabajo que sea, que generalmente ni llena ni agrada.

    No se habla para que exista una esperanza que solo otorga el silencio. Por eso no se habla, aunque apoyo lo que dices.

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  2. ¿El miedo al fracaso no existe porque reconocemos que nadie es tan esforzado como para realmente "fracasar", con todo lo que eso conlleva?

    Me gusta tu idea

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  3. La mayoría de la gente no es capaz de vivir con las cosas pequeñas, necesitan la creencia de que su vida tiene un sentido definido y la promesa de que, esforzándose, alcanzarán cualquier meta propuesta.

    Tienes unas entradas muy buenas, no dudo en seguirte. ¡Un saludo!

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  4. Sólo viendo tus referencias a Tyler Durden y leyendo tu entrada de "Todo Es Una Gran Obra de Teatro" se adivina un pensamiento afín al mío.
    Gracias por interesarte en estas cosas! ;)

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  5. No se habla de ello porque la mediocridad es la norma. No necesito decir que 2+2=4, o leer en los periódicos que el tren ha llegado a su hora. No hay espacio físico-temporal para dedicarle a los frustrados; son demasiados.

    No niego que, por obviarlo, terminemos por olvidarlo y creernos a ciegas ese principio propio de un niño de P3. Pero creo que es tan simple como eso: se ve lo que llama la atención, los extremos; un niño prodigio que sera la panacea del mundo y curara el cancer o un niño soldado que se autoinmola en un atentado contra el prestige, provocando una subida de precios encadenada. Eso llama la atención a cualquiera sin necesidad de ahondar más, pudiendo ser producto de la mera casualidad.

    El fracaso, en cambio, es demasiado vulgar y cotidiano como para mostrarlo en publico; no hace falta, ya se conoce demasiado bien. No a no ser que seas, claro, un Kafka, Dostoievsky, Hemingway, Flaubert, Cervantes,Kierkegaard,... capaz de profundizar en la psicología del ¿martir?. "Hace falta una mente muy poco corriente para acometer el análisis de lo obvio." Whitehead

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  6. Me gusta tu forma de pensar Sekioz (échale un ojo a mi entrada "De Medias y Mediocres" y me das tu opinión). Es innegable que una gran hazaña, trayectoria o hecho ocupe un lugar eminente en la historia, pero estamos hartos de ver cómo los millonarios se contagian de espíritu navideño y arreglan la vida a decenas de personas invitándolas al fútbol, o a una cena de Nochevieja (estoy escribiendo toda una entrada para este tipo de calamidades), pero no vemos otras personas con mucho más mérito, que dedican prácticamente su vida al conjunto de la sociedad. Pero claro, sus historias no son tan cinematográficas, o no tienen tanto "gancho" mediático: La señora que lleva 20 años cuidando de su hijo en coma ante la pasividad gubernamental ha pasado inadvertida hasta que dicha señora no ha acampado ante la Sede de Justicia en Madrid. Como ya decía Dostoievsky: Me parece injusto el anonimato al que la mayoría de la humanidad está condenada.

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