sábado, 5 de noviembre de 2011

Siddhartha

-Has tenido suerte- Le dijo Kamala al despedirse-[...]
-¿No tendrás algún hechizo?
Siddhartha replicó:
-Ayer te dije que sabía pensar, esperar y ayunar, pero en tu opinión aquello no servía para nada. Sin embargo, sirve para mucho, Kamala, ya lo verás. Te darás cuenta de que los necios samanas, en el bosque, pueden aprender infinidad de cosas buenas que vosotros ignoráis aquí. Anteayer no era más que un mendigo sucio y desgreñado; ayer le di un beso a Kamala y pronto seré un mercader y tendré dinero y todas esas cosas que a ti tanto te interesan.
-Es cierto-admitió la cortesana-. Pero ¿Qué hubieras heho sin mí? ¿Qué sería de ti sin la ayuda de Kamala?.

-Querida Kamala -repuso Siddhartha irguiéndose cuan alto era-, yo di el primer paso al entrar en tu bosquecillo. Mi propósito era aprender el amor con la más hermosa de las mujeres. Y desde el momento en que tomé esta determinación, sabía que la llevaría a término . Y sabía también que tú me ayudarías. Lo supe desde la primera mirada que me echaste.

-¿Y si yo no hubiera querido?

-Pero lo has querido. Escucha Kamala, si arrojas una piedra al agua, ésta se precipita hasta el fondo por el camino más rápido. Lo mismo ocurre cuando Siddharta tiene un fin, cuando se propone algo. Siddharta no hace nada, sólo espera, piensa, ayuna, sin hacer nada ni moverse, se deja llevar, se deja caer. Su meta le atrae, pues él no permite que entre en su alma nada que pueda contrariar su objetivo. Eso es lo que Siddharta ha aprendido de los samanas.
Es lo que los necios llaman magia y creen que es obra de demonios. Nada es obra de los malos espíritus, ya que no existen. Cualquiera puede ejercer la magia si sabe pensar, esperar, ayunar.

Kamala le escuchó...

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